Continuemos ahora narrando las maniobras y marchas de lord Wellington, las cuales dejamos más arriba en suspenso. Reforzado aquel y muy animoso, prosiguió moviéndose el 17 de marzo, llevando la derecha por Conchez, el centro por Castelnau y la izquierda por Plaisance. Fueron los franceses retirándose, aunque mantuvieron una gruesa retaguardia en los viñedos que circundan a Vic-en-Bigorre, aparentando querer sustentar una resistencia que no verificaron. Juntáronse los aliados en aquel pueblo y en el de Rabastens, y encaminose el enemigo durante la noche vía de Tarbes.

El 20, divisábanse en esta ciudad los puestos avanzados de la izquierda francesa, que se retiraba con el centro, apostada la derecha en los altos no muy distantes del molino de viento de Oléac. Avanzaron a la sazón los aliados, distribuido su ejército en dos masas o columnas, resueltos a embestir a los contrarios, quienes, en vez de aguardar, continuaron su marcha retrógada, y de dos caminos principales que de Tarbes guían a Tolosa, uno por Auch y otro por Saint Gaudens, escogieron el último, y siguiéronle hasta el mismo pueblo, en donde, reunidas sus tropas, le abandonaron en parte, tomando el otro las más de ellas atravesando la tierra. Aligerado Soult de sus bagajes más pesados y de muchos carros que había despachado antes, Llega Soult
a Tolosa. ejecutó su retirada a Tolosa con presteza, entrando en la ciudad el día 24, sin que nadie le incomodase ni le detuviese.

Tres días de delantera llevaba el mariscal Soult a los aliados en su marcha, mas lentos estos por la precisión de conducir pontones y otros materiales para reparar o echar puentes y remover otros obstáculos que pudieran ofrecérseles, caminando con tiempo muy lluvioso, en tierra enemiga y de fe dudosa. Llegan
los aliados
enfrente
de la ciudad. Aparecieron pues los aliados el 27 en frente de Tolosa, ordenando Wellington el 28 que se estableciese un puente en el lugar de Portet, situado más arriba de la ciudad y por bajo de la junta de los dos ríos Ariège y Garona. Deseaba el inglés colocarse por aquella parte, como medio oportuno de obligar a Soult a abandonar su estancia, o de estorbarle, interponiéndose, unirse al mariscal Suchet. Imposible fue armar el puente allí por la rapidez excesiva de la corriente y su anchura, mayor que la que podían cubrir los pontones preparados. Tentativas
para pasar
el Garona. Frustrada esta tentativa, tuvo mejor éxito otra que se ensayó y puso en planta el 31 en Roques, sitio más favorable aunque por cima de la confluencia de los expresados ríos; por donde atravesó el Garona Sir Rolando Hill, apoderándose en breve, en Cintegabelle, del puente del Ariège no destruido aún.

Pero advirtiendo lord Wellington lo intransitable de aquel terreno pegadizo y gredoso, desistió de seguir obrando por aquella parte, y dispuso repasasen el Garona las tropas del general Hill que le habían cruzado poco antes. Registrose entonces la ribera por bajo de Tolosa, y se descubrió un paraje media legua más arriba de Grenade, en donde el río corre casi lamiendo el camino real, muy veloz en su curso, y teniendo sobre 130 varas de ancho; trazose allí el puente y se remató la mañana del 4 de abril en el espacio de pocas horas.

Le pasan
los aliados.

Determinado Wellington a atacar cuanto antes al mariscal Soult, hizo cruzasen el Garona en aquel día algunos jinetes y tres divisiones suyas de infantería a las órdenes de Beresford. Debían seguir a estas las divisiones españolas cuarta y provisional y la ligera británica; mas hincháronse tanto las aguas, y empezó a ir tan arrebatada la corriente, que hubo que suspender el paso y aun levantar el puente para impedir que se le llevase el río, quedando repartidas las fuerzas del ejército aliado con grave peligro suyo entre las dos orillas, expuestas las de la derecha a ser acometidas por las huestes muy superiores del mariscal Soult. A dicha no se meneó este, prefiriendo mantenerse sobre la defensiva. Amansó la crecida el 8, y aparejado de nuevo y sin dilación el puente, cruzaron por él entonces las divisiones ya nombradas, la artillería portuguesa y Wellington con su cuartel general, moviéndose todos la vuelta de Tolosa. Otros
movimientos. Tuvo al avanzar un reencuentro en la Croix-Daurade el general Vivian, estando al frente del regimiento dieciocho de húsares, y, si bien fue gravemente herido, no por eso dejó de coger cien prisioneros, cerrando al francés tan de cerca que no le dio tiempo para inutilizar en el río L’Hers, tributario del Garona, un puente único que quedaba en pie por aquel lado.

Al día siguiente hacía resolución Wellington de atacar, y detúvose al ver que, apostado Sir R. Hill a la otra parte del río, frontero del arrabal de Saint Cyprien, hallábase este general muy a tras mano del puente de barcas; razón por la que antes de emprender cosa alguna determinó alzar dicho puente y trasladarle a Blagnac, una legua más arriba. Duró la faena bastante, en términos que no se pudo hasta el 10, domingo de pascua florida, dar principio al acometimiento contra el francés; lo que tampoco ni aun entonces era muy hacedero, fortalecido y atrincherado el mariscal Soult en Tolosa y sus alrededores.

Tolosa y su estado
de defensa.

Ciudad aquella de 60.000 almas, capital del antiguo Languedoc y ahora del departamento del Garona superior (Haute-Garonne), asiéntase a la derecha del río de este nombre que corre por el ocaso, quedando a la izquierda el arrabal de Saint Cyprien, que comunica con lo interior de la población por medio de un puente de piedra que apellidaban Nuevo. Rodea a Tolosa del lado del norte y este el famoso canal de Languedoc, llamado también del Mediodía o de Ambos mares, el cual desemboca en el Garona a mil toesas de la ciudad, si bien enlazado ya antes con el mismo río por el canal de Brienne, dicho así del nombre del cardenal que le construyó para facilitar la navegación; interrumpida la del Garona con las represas de las aceñas o molinos harineros de Bazacle, que se divisan más abajo del puente de piedra. De manera que, excepto por el mediodía, circundan a Tolosa por las demás partes ríos y canales que la protegen, y retardan cualquiera tentativa dirigida contra sus muros.

A estas defensas que pudieran mirarse como naturales, agregábanse otras levantadas por el arte, ya en tiempos antiguos, ya en los recientes. Entre las primeras contábanse las murallas viejas, espesas y torreadas, que todavía en pie abrazaban entonces casi todo el recinto. Comenzáronse a construir las segundas después de la batalla de Orthez y de la entrada en Tolosa del mariscal Soult. Consistían estas por el lado de Saint Cyprien en una cabeza de puente y en obras que ceñían el arrabal, apoyándose a derecha e izquierda en el Garona. Pusieron los enemigos particular conato en fortalecer este punto, creyendo sería por donde intentasen los aliados su principal acometimiento. Pero luego que advirtieron lo contrario, afanáronse por aumentar y fortalecer las defensas de la derecha del Garona. Por tanto ampararon con obras bien entendidas de campaña los cinco puentes que se divisan en el canal de Languedoc desde el del Embocadero hasta el de Desmoiselles, atronerando las casas y almacenes vecinos, lo mismo que la antigua muralla, dispuesta además en muchas partes para recibir artillería de grueso calibre. Unas colinas que se elevan al este de la ciudad y corren paralelamente entre el canal y el río L’Hers, conocidas bajo el nombre de Montrave o del Calvinet, fortificáronse con líneas avanzadas, y en especial con cinco reductos, distantes entre sí los más lejanos unas 1200 toesas, sirviéndoles de comunicación por detrás un camino formado de tablones enrasados en lugar de otro resbaladizo y gredoso que retardaba antes el traspaso rápido de la artillería y municiones. Por el sur dispusiéronse y se artillaron varios edificios, trazándose también diversas obras que se daban la mano con las del Calvinet. Se ejecutaron semejantes trabajos en breve tiempo y con admirable presteza, obligados a tomar parte en ellos hasta los habitadores, quienes dolíanse ya de ver convertido en suelo de sangrientas lides el de sus moradas pacíficas: precursores tales preparativos de ruinas y desolación muy triste.