Opinión
en Alemania.
Aunque todavía tranquila, podía también la Alemania entrar en una guerra contra la Francia, según cálculo de buenas probabilidades. Llevaba allí muy a mal el pueblo la insolencia del conquistador y la influencia extranjera, y se lamentaba de que los gobiernos doblasen la cerviz tan sumisamente. Alentados con eso ciertos hombres atrevidos que deseaban en Alemania dar rumbo ventajoso a la disposición nacional, empezaron a prepararse, pero a las calladas, por medio de sociedades secretas. Parece que una de las primeras establecidas, centro de las demás, fue la llamada de Amigos de la virtud. Advirtiéronse ya sus efectos y se vislumbraron chispazos en 1809, en cuyo año, a ejemplo de España, plantaron bandera de ventura Katt, Darnberg, Schill, y hasta el duque mismo Guillermo de Brunswick.
Tuvieron tales empresas éxito desgraciado, mas no por eso acabó el fomes, siendo imposible extirparle a la policía vigilante de Napoleón, pues se hallaba como connaturalizado con todos los alemanes y no repugnaba ni a los generales, ni a los ministros, ni a príncipes esclarecidos, que le excitaban, si bien muy encubiertamente. Una victoria de los rusos o un favorable incidente bastaba para que prendiese la llama, tanto más fácil de propagarse, cuanto mayores y más extendidos eran los medios de abrirle paso.
Medidas
preventivas
de Napoleón.
Por tanto, Napoleón procuró impedir en lo posible una manifestación cualquiera de insurrección popular, más peligrosa al comenzar la guerra en el norte. Creyó, pues, oportuno y prudente tomar prendas que fuesen seguro de la obediencia. Así que se enseñoreó sucesivamente de varias plazas de Alemania en los meses de febrero y marzo, y concluyó tratados de alianza con Prusia y Austria, persuadiéndose que afianzaba de este modo la base de su vasto y militar movimiento contra el imperio ruso. No le sucedía tan bien en cuanto a las potencias que formaban, por decirlo así, las alas: Suecia y Turquía. Con la primera no pudo entenderse, y antes bien se enajenaron las voluntades a punto de que dicho gobierno, no obstante hallarse a su frente un príncipe francés [Bernardotte], firmó con la Rusia un tratado en marzo del mismo año. Con la segunda tampoco alcanzó Bonaparte ninguna ventaja, porque, si bien en un principio mantenía guerra el Sultán con el emperador Alejandro, irritado después con los efugios y tergiversaciones del gabinete de Francia, y acariciado por la Inglaterra, hizo la paz y terminó sus altercados con Rusia en virtud de un tratado concluido en Bucarest, al finalizar mayo.
Proposiciones
de Napoleón
a la Inglaterra.
Napoleón, aunque decidido a la guerra, deseoso sin embargo de aparentar moderación, dio, antes de romper las hostilidades, un paso ostensible en favor de la paz. Tal era su costumbre al emprender nuevas campañas; mas siempre en términos inadmisibles.
Dirigiéronse las proposiciones al gabinete inglés, cuya política no había variado aun después de haber hecho dejación este año de su puesto el marqués de Wellesley, fundándose en que no se suministraban a su hermano Lord Wellington medios bastante abundantes para proseguir la guerra con mayor tesón y esfuerzo. Las propuestas del gobierno francés, hechas en 17 de abril, las recibió lord Castlereagh, ministro a la sazón de negocios extranjeros. En ellas, tras de un largo preámbulo, considerábanse los asuntos de la península española y los de las dos Sicilias como los más difíciles de arreglarse, por lo cual se proponía un ajuste apoyado en las siguientes bases:
«1.ª [decía el gabinete de las Tullerías]: Se garantirá la integridad de la España. La Francia renunciará toda idea de extender sus dominios al otro lado de los Pirineos. La presente dinastía será declarada independiente, y la España se gobernará por una Constitución nacional de Cortes. Serán igualmente garantidas la independencia e integridad de Portugal, y la autoridad soberana la obtendrá la casa de Braganza.
2.ª El reino de Nápoles permanecerá en posesión del monarca presente, y el reino de Sicilia será garantido en favor de la actual familia de Sicilia. Como consecuencia de estas estipulaciones la España, Portugal y la Sicilia serán evacuadas por las fuerzas navales y de tierra, tanto de la Francia como de la Inglaterra.»