Contestación.

Con fecha de 23 del mismo abril contestó lord Castlereagh, a nombre del príncipe regente de Inglaterra [que ejercía la autoridad real por la incapacidad mental que había sobrevenido años atrás a su augusto padre], que

«si, como se lo recelaba su alteza real, el significado de la proposición: la dinastía actual será declarada independiente, y la España gobernada por una Constitución nacional de Cortes, era que la autoridad real de España y su gobierno serían reconocidos como residiendo en el hermano del que gobernaba la Francia y de las Cortes reunidas bajo su autoridad, y no como residiendo en su legítimo monarca Fernando VII y sus herederos, y las Cortes generales y extraordinarias que actualmente representaban a la nación española; se le mandaba que franca y expeditamente declarase a S. E. [el duque de Basano] que las obligaciones que imponía la buena fe apartaban a S. A. R. de admitir para la paz proposiciones que se fundasen sobre una base semejante.

Que «si las expresiones referidas se aplicasen al gobierno que existía en España, y que obraba bajo el nombre de Fernando VII; en este caso, después de haberlo así asegurado S. E., S. A. R. estaría pronto a manifestar plenamente sus intenciones sobre las bases que habían sido propuestas a su consideración...»

No entró lord Castlereagh a tratar de los demás puntos, como dependientes de este más principal, y la negociación tampoco tuvo otras resultas; debiendo las armas continuar en su impetuoso curso.

Empieza
la guerra
de Francia
con Rusia.

De consiguiente, el emperador francés, prevenido y aderezado para la campaña, salió de París el 9 de mayo, y después de haberse detenido hasta últimos del mes en Dresde, donde recibió el homenaje y cumplidos de los principales soberanos de Alemania, encaminose al Niemen, límite de la Rusia. Más de 600.000 hombres tomaban el mismo rumbo, entre ellos unos pocos españoles y portugueses, reliquias de los regimientos de la división de Romana que quedaron en el norte, y de la del marqués de Alorna que salió de Portugal en 1808, con algunos prisioneros que de grado o fuerza se les habían unido. De tan inmenso tropel de gente armada 480.000 hombres estaban ya presentes, y comenzaron a pasar el Niemen en la noche del 23 al 24 de junio, siendo Napoleón quien primero invadió el territorio ruso y dio la señal de guerra; señal que resonó por el ámbito de aquel imperio y fue principio de tantas mudanzas y trastornos.

Influjo
de esta guerra
respecto
de España.

En medio de la confianza que inspiraba a Napoleón su constante y venturoso hado, obligáronle las circunstancias a aflojar, por lo menos temporalmente, en el proyecto de ir agregando a Francia las provincias de España. Sin embargo, aferrado en sus decisiones primeras, no varió ni tomó ahora esta sino muy entrada la primavera y cuando ya había fijado el momento de romper con Rusia. Notose, por lo mismo, que José continuaba quejándose, aun en los primeros meses del año, del porte de su hermano, resaltando su descontento en las cartas interceptadas a su desgraciado secretario Mr. Deslandes. Entre ellas, las más curiosas eran dos escritas a su esposa y una al emperador; todas tres de fecha 23 de marzo. Y la última inclusa en una de las primeras, con la advertencia de solo entregarla en el caso de que «se publicase el decreto de reunión [son sus expresiones], y de que se publicase en la Gaceta.» Por la palabra «reunión» entendía José la de las provincias del Ebro a Francia, pues aunque estas, según hemos visto, sobre todo Cataluña, se consideraban ya como agregadas, no se había anunciado de oficio aquella resolución en los papeles públicos. En la carta a su hermano le pedía José «que le permitiese deponer en sus manos los derechos que se había dignado transmitirle a la corona de España hacía cuatro años; porque no habiendo tenido otro objeto en aceptarla que la felicidad de tan vasta monarquía, no estaba en su mano el realizarla». Explayaba en la otra carta a su esposa el mismo pensamiento, e indicaba la ocasión que le obligaría a permanecer en España, y las condiciones que para ello juzgaba necesarias. Decía:

1.º: «Si el emperador tiene guerra con Rusia y me cree útil aquí, me quedo con el mando general y con la administración general. Si tiene guerra y no me da el mando, y no me deja la administración del país, deseo volver a Francia.»