2.º: «Si no se verifica la guerra con Rusia y el emperador me da el mando, o no me lo da, también me quedo; mientras no se exija de mí cosa alguna que pueda hacer creer que consiento en el desmembramiento de la monarquía, y se me dejen bastantes tropas y territorio, y se me envíe el millón de préstamo mensual que se me ha prometido... Un decreto de reunión del Ebro que me llegase de improviso, me haría ponerme en camino al día siguiente. Si el emperador difiere sus proyectos hasta la paz, que me dé los medios de existir durante la guerra.»

Triste situación y necesaria consecuencia de haber aceptado un trono que afirmaba solo la fuerza extraña; debiendo advertirse que la hidalguía de pensamientos que José mostraba respecto de la desmembración de España desaparecía con el periodo último de la postrer carta; pues en su contexto ya no manifiesta aquel oposición a la providencia en sí misma, sino a la oportunidad y tiempo de ejecutarla.

De poco hubieran servido los duelos y plegarias de José, si los acontecimientos del norte no hubieran venido en su ayuda. Napoleón, atento a eso, pero sin alterar las medidas tomadas respecto de Cataluña y otras partes, cedió en algo a la necesidad, y autorizó a su hermano con el mando de las tropas; dejándole en todo mayores ensanches, y aun consintiendo que entrase en habla con las Cortes y el gobierno nacional.

Hicimos antes mención del origen de semejantes tratos, y de la repulsa que recibieron las primeras proposiciones. No por eso desistieron de su intento los emisarios de José en Cádiz, animados con el disgusto que produjo la caída de Valencia en todo el reino, con el que produciría en el mismo Cádiz el incesante bombardeo, y esperanzados también en las alteraciones que consigo trajese en la política la regencia últimamente nombrada.

Dos eran los principales medios de que solían valerse dichos emisarios; uno, procurar influir en las determinaciones del gobierno o empantanarlas; otro, agitar la opinión con falsas nuevas, con el abuso de la imprenta o con otros arbitrios; sirviéndose para ello a veces de logias masónicas establecidas en Cádiz.

Sociedades
secretas.

Apenas había tomado arraigo ni casi se conocía en España esta institución antes de 1808; perseguida por el gobierno y por la Inquisición. Tampoco ni ella ni ninguna otra sociedad secreta coadyuvaron al levantamiento contra los franceses, ni tuvieron parte; pues entonces todos se entendían como por encanto y no se requería sigilo ni comunicación expresa en donde reinaba universalmente correspondencia natural y simultánea.

Derramados los franceses por la península, fundaron logias masónicas en las ciudades principales del reino, y convirtieron ese instituto de pura beneficencia, en instrumento que ayudase a su parcialidad. Trataron luego de extender las logias a los puntos donde regía el gobierno nacional; proyecto más hacedero después que la libertad fundada por las Cortes estorbaba que se tomasen providencias arbitrarias o demasiado rigurosas.

Fue Cádiz uno de los sitios en que más paró la consideración el gobierno intruso para propagar la francmasonería. Dos eran las logias principales, y una sobre todo se mostraba aviesa a la causa nacional y afecta a la de José. Celábalas el gobierno, y el influjo de ellas era limitado, porque ni los individuos conspicuos de la potestad ejecutiva, ni los diputados de Cortes, excepto alguno que otro por América, aficionado a la perturbación, entraron en las sociedades secretas. Y es de notar que así como estas no soplaron el fuego para el levantamiento de 1808, tampoco intervinieron en el establecimiento de la Constitución y de las libertades públicas. Lo contrario de Alemania: diferencia que se explica por la diversa situación de ambas naciones. Hallábase la última agobiada y opresa antes de poder sublevarse; y España revolviose a tiempo y primero que la coyunda francesa pesase del todo sobre su cuello. Más adelante, cuando otra de distinta naturaleza vino a abrumarle en el aciago año de 1814, se recurrió también entre nosotros al mismo medio de comunicación y a los mismos manejos que en Alemania: representando gran papel las sociedades secretas en las repetidas tentativas que hubo después, enderezadas a derrocar de su asiento al gobierno absoluto.

Esperanzas
del partido
de José
en los tratos
con Cádiz.