Animado con esto Marmont, y sabedor además de que el sexto ejército español, saliendo de Galicia, daba muestra de venir sobre Castilla, decidió repasar el Duero, y acercarse al inglés para empeñar batalla. Pero receloso de cruzar aquel río en presencia de ejército tan respetable, efectuó antes marchas y contramarchas desde el 13 al 16 de julio, encaminándose orilla abajo hacia Toro, en donde empezó a ocuparse en reparar el puente que había destruido.
Durante este tiempo, lord Wellington había colocado en un principio su derecha en la Seca, y su izquierda en Pollos. Aquí existe un vado no muy practicable entonces para la infantería, así por su naturaleza como por el lugar en que se alojaba el enemigo. No ofrece el Duero en su curso desde la unión del Pisuerga, y aun quizá desde más arriba hasta la del Esla, muchos parajes cómodos y apropiados para cruzarle delante de un enemigo que ocupe la derecha. Corre en gran parte por llanuras bastante anchas, solo ceñidas por ribazos y alturas más o menos lejanas del río, resultando de aquí que el sitio más acomodado para pasarle en todo aquel terreno, teatro a la sazón de los ejércitos beligerantes, era el de Castro Nuño, dos leguas corriente arriba de Toro, en donde se divisa un buen vado y una curva que forma el terreno, propicia a las operaciones de tropas que enseñoreen la margen izquierda.
Empieza
Wellington
a retirarse.
Pensaba lord Wellington en verificar el paso, cuando advirtiendo el movimiento de Marmont hacia Toro, y aun noticioso de que algunas fuerzas francesas atravesaban el Duero el día 16 por el puente de aquella ciudad, se corrió sobre su izquierda, y trató de reconcentrarse a las márgenes del Guareña. Con efecto hizo maniobrar en este sentido a todo su ejército, excepto a las divisiones primera y ligera, con una brigada de caballería a las órdenes de sir Stapleton Cotton, fuerza apostada en Castrejón. Pero el mariscal francés, contramarchando entonces rápidamente, se dirigió en la noche del 16 al 17 sobre Tordesillas, cruzó el río, y juntó todo su ejército en la mañana del mismo día en la Nava del Rey, habiendo andado sin parar no menos de diez leguas. Con tan inesperado movimiento, no solo consiguió repasar el Duero y burlar la vigilancia de los ingleses, sino que puso casi a merced suya a Cotton, muy separado del cuerpo principal del ejército británico. Así fue que al amanecer del 18 le atacaron los franceses, y aun rodearon la izquierda de su posición por Alaejos. Dichosamente pudo Cotton, a pesar de fuerzas tan superiores, mantenerse firme, y dar tiempo a que acudiesen refuerzos de Wellington que le ayudaron a replegarse ordenadamente, si bien hostigado por retaguardia y flanco, a Torrecilla de la Orden, y de allí a incorporarse al grueso del ejército aliado.
Colocáronse en seguida los franceses en unas lomas a la derecha del Guareña, y Wellington, después de situar en otras opuestas tres de sus divisiones, decidió que lo restante de su ejército atravesase aquel río por Vallesa, para impedir que el enemigo envolviese su derecha como intentaba.
Varias maniobras
de ambos
ejércitos.
Atravesó este también dicho río Guareña por Castrillo, tratando el general Clauzel, que mandaba una de las columnas principales, de apoderarse de cierta situación ventajosa, y caer sobre la izquierda inglesa, operación que se le frustró con pérdida de bastantes prisioneros, entre ellos el general Carrié.
El 19, ya en la tarde, sacó el enemigo muchos cuerpos de su derecha y los trasladó a la izquierda, lo que obligó a Wellington a ejecutar maniobras análogas con el objeto de inutilizar cualquiera tentativa de sus contrarios. Se preparó también el general inglés a admitir batalla, si se la presentaban los franceses en las llanuras de Vallesa.
No era todavía tal la intención del mariscal enemigo, quien más bien quería maniobras que aventurar acción alguna. Así fue que en el día 20 se puso todo el ejército francés en plena marcha sobre su izquierda, y obligó a Wellington a emprender otra igual por su propia derecha, de que resultó el singular caso de que dos ejércitos enemigos no detenidos por ningún obstáculo, y moviéndose por líneas paralelas a distancia cada uno de medio tiro de cañón, no empeñasen entre sí batalla ni reencuentro notable. Marchaban ambos aceleradamente y en masas unidas. Uno y otro se observaban aguardando el momento de que su adversario cayese en falta.
Sitúase
Wellington
cerca
de Salamanca.