Amaneció el 21, y reconcentrando lord Wellington su ejército hacia el Tormes, se situó de nuevo en San Cristóbal, a una legua de Salamanca, posición que ocupó durante el asedio de los fuertes. Los franceses pasaron aquel río por Alba, en donde dejaron una guarnición, alojándose entre esta villa y Salamanca. Atravesaron los aliados en seguida el Tormes por el puente de la misma ciudad y por los vados inmediatos, y solo apostaron a la margen derecha la tercera división con alguna caballería.

Entonces se afianzó Wellington en otra posición nueva: apoyó su derecha en un cerro de dos que hay cerca del pueblo llamado de los Arapiles, y la izquierda en el Tormes, más abajo de los vados de Santa Marta. Los franceses, situados al frente, estaban cubiertos por un espeso bosque, dueños desde la víspera de Calvarrasa de Arriba, y de la altura contigua apellidada de Nuestra Señora de la Peña. A las ocho de la mañana desembocó rápidamente del mencionado bosque el general Bonnet y se apoderó del otro Arapil, apartado más que el primero de la posición inglesa, pero muy importante por su mayor elevación y anchura. Descuido imperdonable en los aliados no haberle ocupado antes; y adquisición ventajosísima para los franceses, como excelente punto de apoyo caso que se trabase batalla. Conoció su yerro lord Wellington, y por lo mismo trató de enmendarle retirándose, no siéndole fácil desalojar de allí al enemigo, y temiendo también que le llegasen pronto a Marmont refuerzos del ejército francés del Norte, y otros del llamado del Centro con el rey José en persona. Pero presuntuoso el mariscal francés, probó en breve estar lejos de querer aguardar aquellos socorros.

Batalla
de Salamanca.

En efecto empezó a maniobrar y girar en torno del Arapil grande en la mañana del 22, ocupando ambos ejércitos estancias paralelas. Constaba el de los franceses, después que se le había unido Bonnet, de unos 47.000 hombres; lo mismo, poco más o menos, el de los anglo-portugueses. Apoyaba este su derecha en el pueblo de los Arapiles, delante del cual se levantan los dos cerros del propio nombre, ya indicados, y su izquierda en Santa Marta. Afianzaba aquel sus mismos y respectivos costados sobre el Tormes y Santa María de la Peña; Wellington trajo cerca de sí las fuerzas que había dejado al otro lado del río, y las colocó detrás de Aldeatejada, al paso que los franceses, favorecidos con la posesión del Arapil grande, iban tomando una posición oblicua, que a asegurarla fuera muy molesta para los aliados en su retirada.

Diose prisa por tanto Wellington a emprender esta, y la comenzó a las diez de la mañana, antes de que los contrarios pudiesen estorbar semejante intento. En él andaba cuando, observando las maniobras del enemigo, advirtió que, queriendo Marmont incomodarle y estrecharle más y más, prolongaba su izquierda demasiadamente. Entonces con aquel ojo admirable de la campaña, tan solo dado a los grandes capitanes, ni un minuto transcurrió entre moverse el enemigo, notar la falta el inglés, y ordenar este su ataque para no desaprovechar la ocasión que se le presentaba.

Fue la embestida en la forma siguiente: reforzó Wellington su derecha, y dispuso que la tercera división bajo del general Pakenham, y la caballería del general Urban con dos escuadrones más, se adelantasen en cuatro columnas, y procurasen envolver en las alturas la izquierda del enemigo, mientras que la brigada de Bradford, las divisiones quinta y cuarta del cargo de los generales Leith y Cole, y la caballería de Cotton le acometían por el frente, sostenidas en reserva por la sexta división del mando de Clinton, la séptima de Hope, y la española regida por Don Carlos de España. Las divisiones primera y ligera se alojaban en el ala izquierda, y sonaban como de respeto. Además debía apoyar el general Pack la izquierda de la cuarta división, y arremeter contra el cerro del Arapil que enseñoreaba el enemigo.

Correspondió el éxito a las buenas disposiciones del general aliado. Flanqueó Pakenham al francés, y arrolló cuanto se le puso por delante. Las divisiones inglesas que atacaron al centro enemigo, desalojaron las tropas de este de una en otra altura, avanzando a punto de amenazar sus costados. No fue permitido con todo al general Pack apoderarse del Arapil grande, aunque le asaltó con el mayor denuedo: solo distrajo la atención de los que le ocupaban.

Gánanla
los aliados.

En aquella hora, que era las de las cuatro y media de la tarde, al ver el mariscal Marmont arrollada una de sus alas y mal parado el centro, se dirigió en persona a restablecer la batalla; mas su mala estrella se lo impidió, sintiéndose en el mismo instante herido gravemente en el brazo y costado derecho: la misma suerte cupo a su segundo el general Bonnet, teniendo al cabo que recaer el mando en el general Clauzel. Contratiempos tales influyeron siniestramente en el ánimo de las tropas francesas; sin embargo, reforzada su izquierda, y señoras todavía las mismas del Arapil grande, hicieron cejar, muy maltratada, a la cuarta división inglesa. Relevola inmediatamente Wellington con la sexta, e introdujo de nuevo allí buena ordenanza, a punto que ahuyentó a los franceses de la izquierda, obligándolos a abandonar el cerro del Arapil. Manteníase no obstante firme la derecha enemiga, y no abandonó su puesto sino a eso del anochecer. Entonces comenzó a retirarse ordenadamente todo el ejército francés por los encinares del Tormes. Persiguiole Wellington algún tanto, si bien no como quisiera, abrigado aquel de la oscuridad de la noche. Repasaron los enemigos el río sin tropiezo, y continuaron los aliados el alcance. Cargaron estos la retaguardia francesa el 23, la cual, abandonada de su caballería, perdió tres batallones. Los ingleses se pararon después en Peñaranda, reforzado el enemigo con 1200 caballos procedentes de su ejército del Norte.

Apellidaron los aliados esta batalla la de Salamanca por haberse dado en las cercanías de aquella ciudad; los franceses de los Arapiles por los dos cerros que antes hemos mencionado; (* Ap. n. [20-1].) cerros famosos en las canciones populares de aquel país, que recuerdan las glorias de Bernardo del Carpio.[*]