Estas dos providencias, tan poco meditadas como lo había sido la tarifa de 1808, excitaron clamor general, lo mismo en Madrid que en los demás puntos a medida que se evacuaban, por el quebranto insinuado arriba que de súbito resultó, mayormente pesando las pérdidas sobre los particulares y no sobre el erario, y alterándose [*] (* Ap. n. [20-3].) repentinamente por sus disposiciones el valor de las cosas. En muchos parajes suspendieron sus efectos las autoridades locales, y representaron al gobierno legítimo, el cual a lo último, aunque lentamente, pues no lo verificó [*] (* Ap. n. [20-4].) hasta el septiembre de 1813, mandó que por entonces se permitiese la circulación de la moneda del rey intruso acuñada en España, y también la del imperio francés, arreglándose casi en un todo a la tarifa de 1808, perjudicialísima esta en sí misma, mas de difícil derogación en tanto que no fuese el erario, y no los particulares, el que soportase la pérdida o diferencia que existía entre el valor real o intrínseco de la circular de 1812, y el supuesto de la tarifa de 1808.
Habiendo tardado algún tiempo en efectuarse la suspensión, aun por las autoridades locales, de las órdenes de 1811 y 1812, el trastorno que ellas causaron fue notable y mucha la desazón, encareciéndose los víveres en lugar de abaratarse, y acreciéndose por de pronto el daño con las especulaciones lucrosas e inevitables de algunos trajineros y comerciantes. Así que necesidad hubo del odio profundo que se abrigaba en casi todos los corazones contra el extranjero, y también de que prosiguiesen cogiendo laureles las armas aliadas, para que no se entibiasen los moradores de los pueblos, ahora libres, en favor de la buena causa.
Toma
el Empecinado
a Guadalajara.
A dicha continuaron sucediéndose faustos acontecimientos alrededor y aun lejos de la capital. En Guadalajara 700 a 800 hombres que guarnecían la ciudad a las órdenes del general Preux, antiguo oficial suizo al servicio de España, se rindieron el 16 de este agosto a Don Juan Martín el Empecinado. Desconfiado Preux a causa de su anterior conducta, quería capitular solo con lord Wellington, mas este le advirtió que si no se entregaba a las tropas españolas que le cercaban, le haría pasar a cuchillo con toda la guarnición.
Abandonan
el Tajo
los franceses
del centro,
y se dirigen
a Valencia.
Fueron evacuando los franceses la orilla derecha del Tajo, y uniéndose sus destacamentos al cuerpo principal de su ejército del Centro, que proseguía retirándose vía de Valencia. Salieron de Toledo el día 14, en donde entró muy luego la partida del Abuelo, recibida con repique general de campanas, iluminaciones y otros regocijos. Por todas partes destruía el enemigo la artillería y las municiones que no podía llevar consigo, y daba indicio de abandonar para siempre, o a lo menos por largo tiempo, las provincias de Castilla la Nueva. Trabajos
que tuvieron
en el camino. En su tránsito a Valencia, encontraron José y los suyos tropiezos y muchas incomodidades, escaseándoles los víveres y sobre todo el agua, por haber los naturales cegado los pozos y destruido las fuentes en casi todos los pueblos, que tal era su enemistad y encono contra la dominación extraña. Padecieron más que todos los comprometidos con el intruso y sus desgraciadas familias, pues hubo ocasión en que no tuvieron ni siquiera una sed de agua que llevar a la boca, según aconteció al terrible ministro de policía Don Pablo Arribas.
Algunos sucesos
en
Castilla la Vieja.
En Castilla la Vieja, viendo los enemigos la suerte que había cabido a su guarnición de Tordesillas y temerosos de que acaeciera otro tanto a las ya bloqueadas de Zamora, Toro y Astorga, destacaron del ejército suyo, llamado de Portugal, 6000 infantes y 1200 caballos a las órdenes del general Foy, para que, aprovechándose del respiro que les daba el ejército aliado en su excursión sobre Madrid, libertasen las tropas encerradas en aquellos puntos. Consiguiéronlo con las de Toro, alejándose los españoles que bloqueaban la ciudad. No fueron tan dichosos en Astorga, adonde se dirigió Foy engrosado en el camino con otro cuerpo de igual fuerza al que llevaba. Trescientos de sus jinetes se adelantaron a las cercanías, La guarnición
de Astorga
se entrega
a los españoles. mas la guarnición, compuesta de 1200 hombres y mandada por el general Rémond, se había rendido el 18 de agosto en consecuencia de las repetidas y mañosas intimaciones del coronel Don Pascual Enrile, ayudante general del estado mayor del sexto ejército.
Recibió Foy tan sensible nueva en La Bañeza, y no pasando adelante, se enderezó hacia Carbajales con intento de sorprender al conde de Amarante que, habiendo levantado el bloqueo de Zamora, tornaba a su provincia de Tras-os-Montes. Se le frustró el golpe proyectado al general francés, quien tuvo que contentarse con recoger el 29 la guarnición de aquella plaza, no habiendo llenado sino a medias el objeto de su expedición.
Séptimo ejército
español.