Tratado
con Rusia.
De referir es aquí un tratado que por entonces se concluyó entre la Rusia y la España; de cuyo acontecimiento, aunque no tuviese íntima conexión con las tareas de las Cortes, diose a ellas cuenta como de asunto de la mayor importancia para el pronto y buen éxito de la guerra de la independencia, y de venturoso influjo para el afianzamiento de las instituciones liberales. Habíale ajustado D. Francisco de Cea Bermúdez de vuelta a Rusia, y competentemente autorizado para ventilar lodos los negocios que allí ocurriesen por la muerte acaecida a la sazón del cónsul general Don Antonio Colombi, a cuya hija la honraron las Cortes en premio de los servicios de su difunto padre con título de condesa, tomando la denominación de su apellido. El tratado se terminó y firmó en Weliky-Louky a 20 de julio de 1812, y se llamó de «amistad y sincera unión y alianza», comprendiéndose en él un artículo, que fue el 3.º, (* Ap. n. [21-13].) concebido en estos términos:[*] «S. M. el emperador de todas las Rusias reconoce por legítimas las Cortes generales y extraordinarias, reunidas actualmente en Cádiz, y la Constitución que estas han decretado y sancionado.» Acto de reconocimiento desusado y no necesario, pero precioso como defensa y escudo de la causa patriótica y liberal que sustentaban las Cortes, y también como irrefragable prueba de la sanción y apoyo que daba entonces a aquellas opiniones el emperador Alejandro, tan enconado después contra ellas, y tan opuesto a su propagación. Fue canjeado este tratado de Weliky-Louky en debida forma por ambas partes contratantes, nombrando en seguida la Regencia enviado extraordinario y ministro plenipotenciario en San Petersburgo a Don Eusebio de Bardají y Azara, y la Rusia en la misma calidad cerca de nuestro gobierno al consejero de estado y senador Tatischeff.
Potencia esta la primera que reconoció solemnemente las nuevas y liberales instituciones españolas, la primera fue también que en adelante las desechó, apellidando guerra para destruirlas. Necesitaba de nosotros en el año de 1812, y nos necesitaban también los demás tronos europeos titubeantes hasta en sus cimientos: inútiles les parecimos en 1820, 23 y 34, a lo menos a los del norte; y hasta nos miraron como de poco valer y dañosas a las suyas nuestras doctrinas: por lo que antes, buena acogida y aplausos; después, ningún aprecio sino desdén y reprobación completa.
Con Suecia.
(* Ap. n. [21-14].)
Posteriormente, y pasados algunos meses, parecido tratado concluyó con nosotros la Suecia, que se firmó en Estocolmo [*] a 19 de marzo de 1813, encerrando su contexto otro artículo 3.º que decía: «S. M. el rey de Suecia reconoce por legítimas las Cortes generales y extraordinarias reunidas en Cádiz, así como la Constitución que ellas han decretado y sancionado.» No era tan extraño como el otro el ajuste de este tratado, haciendo allí cabeza un príncipe nacido de las revoluciones y trastornos ocurridos en Francia. A su tiempo veremos cómo la Prusia suministró ejemplo idéntico, aunque no se hallase su soberano en igual caso que el que regía a la Suecia.
Felicitación
de la princesa
del Brasil
Doña Carlota.
La princesa del Brasil Doña Carlota Joaquina, ya que no dio su asenso con estipulaciones y tratados a las innovaciones adoptadas por las Cortes, aprobolas al menos, agregándose al coro armónico de parabienes y felicitaciones por medio de una carta, fecha en Río Janeiro a 28 de junio de 1812, (* Ap. n. [21-15].) que dirigió a la Regencia del reino y esta trasladó a las Cortes.[*]
«Yo os ruego [decía en ella] que hagáis presente al augusto congreso de las Cortes mis sinceros y constantes sentimientos de amor y fidelidad a mi muy querido hermano Fernando; y el sumo interés que tomo por el bien y felicidad de mi amada nación, dándoles al mismo tiempo mil enhorabuenas y mil agradecimientos por haber jurado y publicado la Constitución. Llena de regocijo voy a congratularme con vosotros por la buena y sabia Constitución que el augusto congreso de las Cortes acaba de jurar y publicar con tanto aplauso de todos, y muy particularmente mío; pues la juzgo como base fundamental de la felicidad e independencia de la nación, y como una prueba que mis amados compatriotas dan a todo el mundo del amor y fidelidad que profesan a su legítimo soberano, y del valor y constancia con que defienden sus derechos y los de toda la nación. Guardando exactamente la Constitución, venceremos y arrollaremos de una vez al tirano usurpador de la Europa. Dios os guarde muchos años. Palacio del Río Janeiro, a los 28 de junio de 1812. — Vuestra infanta, Carlota Joaquina de Borbón. — Al consejo supremo de Regencia de las Españas a nombre de Fernando VII.»
Se leyó esta carta en la sesión del día 24 de septiembre, y mandaron las Cortes se insertase íntegra en el diario de sus discusiones, declarando haberla oído con la mayor satisfacción.
Nueva
proposición
para nombrarla
regenta.