El anglo-portugués continuó ocupando las mismas en que hizo parada al retirarse en el pasado otoño, teniendo sus reales en Freineda, y dilatando sus acantonamientos por la frontera que hace cara a Ciudad Rodrigo. Considerábase a este ejército como principal base de las grandes maniobras y operaciones militares de la península hispana. A su derecha e izquierda, por Extremadura, Galicia, Asturias y demás partes de los distritos del norte, Cuarto
ejército español. se alojaba el cuarto ejército, compuesto ahora, según indicamos en otro libro, de los apellidados antes quinto, sexto y séptimo. Seguía a cargo de Don Francisco Javier Castaños. Su gente había mejorado en disciplina, e instruíase esmeradamente tomando para ello acertadas disposiciones el general Don Pedro Agustín Girón, jefe de estado mayor.
Fue una de las primeras subdividir en febrero todo aquel ejército en tres cuerpos, bajo el nombre cada uno de ala derecha, centro y ala izquierda, medida necesaria por hallarse las fuerzas desparramadas, permaneciendo unas en Extremadura y Castilla, otras en el Bierzo y Asturias, y las restantes en las montañas de Santander, provincias Vascongadas y Navarra. El ala derecha constaba de dos divisiones, 1.ª y 2.ª, a las órdenes de Don Pablo Morillo y de Don Carlos de España; el centro de tres, 3.ª, 4.ª y 5.ª, que gobernaban Don Francisco Javier Losada [hoy conde de San Román], Don Pedro de la Bárcena y Don Juan Díaz Porlier; el ala izquierda, organizada más tarde, componíase de la 6.ª división, que algunos llamaron de Iberia, y era acaudillada por Don Francisco Longa; de la 7.ª, que formaban los batallones reunidos de las tres provincias Vascongadas, a cuya cabeza hallábase Don Gabriel de Mendizábal, considerado también supremo jefe de toda esta ala; y de la 8.ª, que regía Don Francisco Espoz y Mina. Debe no menos agregarse a la cuenta una división de caballería bajo del conde de Penne Villemur, que por lo común maniobraba unida con el centro.
Los tres cuerpos juntos contaban 39.953 hombres, de ellos 3600 jinetes. Las dos divisiones del ala derecha anduvieron casi siempre en compañía del ejército anglo-portugués y se amaestraron a su lado. Las tres que constituían el centro, antes sexto ejército, y cuyo total sumaba por sí solo 15.305 infantes y 1577 caballos, se ejercitaron en sus respectivos acantonamientos, en donde la oficialidad tenía continuas academias, y el soldado, a pesar de lo lluvioso de la estación, evolucionaba casi diariamente, sobresaliendo todos por su aseo, subordinación a los jefes, y respeto a las personas y bienes de los habitantes. El ala izquierda, o sea las divisiones 6.ª, 7.ª y 8.ª, que recorrían distritos ocupados por el enemigo, apenas hallaban vagar para instruirse en pueblos ni campamentos, y solo podían adiestrarse al propio tiempo que trababan lides; de las que no tardaremos en dar razón.
Tercer ejército.
Desde Granada, Jaén y Córdoba, donde se apostó el tercer ejército al evacuar los franceses las Andalucías, fue avanzando a la Sierra Morena y Mancha. Le guiaba el duque del Parque. Ascendían sus fuerzas a unos 22.800 hombres y 1400 caballos, distribuidos todos en tres divisiones de infantería y una de jinetes, mandadas respectivamente por el príncipe de Anglona, marqués de las Cuevas, Don Juan de la Cruz Mourgeon y Don Manuel Sisternes. Dábase la mano con este ejército el de reserva, que pronta y muy atinadamente arregló e instruyó en las Andalucías el conde del Abisbal, caudillo entendido en la materia y presto en la ejecución, teniendo ya bien organizados y dispuestos antes de concluirse la primavera unos 15.600 infantes y 700 caballos, repartidos en tres divisiones que más de una vez variaron de jefes.
Esta reserva y los dos mencionados ejércitos cuarto y tercero fueron los que por el lado de Vizcaya y Pirineos occidentales cooperaron, si bien el último más tarde, con los anglo-lusitanos a la prosecución de las célebres campañas que se abrieron allí durante el estío. Porque el otro, llamado también de reserva, que formaba en Galicia Don Luis Lacy, no llegó el caso de que saliese de los confines de aquella provincia, y el primero y segundo peleando de continuo, ayudados en un principio por el tercero en Cataluña, Valencia y Aragón, seguían separado rumbo, sirviendo más bien sus lides para distraer al enemigo y auxiliar de lejos las otras operaciones, que para llevar por sí mismos la guerra a un término decisivo y pronto.
Fuerzas
francesas.
Siendo pues aquellas fuerzas las que tenían cerca mayor número de contrarios, será bien especifiquemos cuáles eran estos y cuáles sus estancias. Durante el invierno permanecieron en Castilla la Nueva todas o la mayor parte de las tropas que componían los ejércitos del Mediodía y Centro de España; Ejército suyo
del Mediodía
y del Centro. a las órdenes el primero del mariscal Soult con sus cuarteles en Toledo, y el segundo a las inmediatas de José mismo en la capital del reino, cubriendo ambos las orillas del Tajo, y haciendo sus correrías en la Mancha. Ocupaba a Castilla la Vieja y parte del reino de León Ejército
de Portugal. el ejército que llamaban de Portugal, manteniéndose en observación del de los aliados y del cuarto de los españoles. Tenía en Valladolid su cuartel general, y después de haber pasado su dirección, como en sus respectivos lugares dijimos, por las manos de Marmont, Clauzel y Souham, paraba ahora en las del general Reille, ayudante de Napoleón, y jefe antes de una de las divisiones pertenecientes al cuerpo del mariscal Suchet. Acudía a amparar las costas de Cantabria, y hacer rostro a los españoles que guerreaban en aquellas provincias y Navarra, Ejército
del Norte. el ejército apellidado del Norte, cuyo principal asiento era Vitoria, y a veces lo fue Burgos, sucediendo a Caffarelli en el mando al rematar febrero el general Clauzel. Todas estas huestes no veían acrecida su fuerza, sino que al revés notábase menguada, habiendo ido sacando Napoleón hombres, y especialmente cuadros desde el noviembre, sin esperanza de nuevos socorros, acaecidas ya las derrotas tan aciagas para él en el septentrión de Europa, Tropas francesas
que salen
de España. y aumentados sus apuros en disposición de irse desplomando por todos lados el edificio de sus conquistas, tan robusto al parecer pocos meses antes. El total de estos cuatro ejércitos reunidos ascendía a unos 80.000 hombres, entre ellos 6 a 7000 de caballería.
Al llegar marzo comenzáronse a divisar señales de movimientos y marchas que tomaron incremento y se realizaron al finalizar la primavera. Quien primero dejó su puesto y salió de España Partida de Soult. fue el mariscal Soult, atravesando la frontera en fines del propio mes; le acompañaban unos 6000 hombres. Llamábale Napoleón para que le ayudase en Alemania. Mientras aquel mariscal permaneció en Toledo impuso contribuciones gravosas, prendiendo para realizarlas al ayuntamiento y a varios vecinos de la ciudad y cometiendo otros desmanes.
Mando de José.