También se movió por entonces el rey José para pasar a Valladolid y tomar el mando en jefe por disposición del emperador de todas estas fuerzas que hemos enumerado, y debían servir de dique contra el ímpetu de las acometidas que proyectasen los aliados. Su partida
de Madrid. Salió aquel de Madrid el 17 de marzo, y salió para no volver a pisar el suelo de la capital, llevándose consigo parte de las tropas que había en Castilla la Nueva. Dejó sin embargo en Madrid al general Leval con una división, apostando en el Tajo otras fuerzas, y sobre todo caballería ligera. Hacia aquel tiempo, y con la ausencia de Soult y nuevo poder de José, capitanearon los ejércitos franceses del Mediodía y Centro los generales Gazan y Drouet, conde d’Erlon.

Sucesos varios

Nada por eso hubo todavía de importante en lo militar por estas partes de España, reduciéndose todo a reencuentros y correrías no del mayor momento. El ejército de reserva, mandado por Abisbal, no había, digámoslo así, entrado aún en línea, y el tercero apenas tuvo otro choque notable con el enemigo sino uno acaecido el 26 de marzo cerca de Orgaz, en el que se distinguió el regimiento de Ubrique, animado con la presencia y cuerdas disposiciones del ayudante primero de estado mayor Don Mariano Villa. Esquivó peleas en cuanto pudo, y aun escaramuzas el ejército anglo-lusitano, e imitaron en gran parte su ejemplo el ala derecha y el centro del cuarto ejército español, conforme al sabio y concertado plan que seguía lord Wellington. No sucedió lo mismo al ala izquierda, ni era posible le sucediese, enclavijadas constantemente sus fuerzas con las francesas. Esta ala que debía componerse de tres divisiones, no tomó dicha forma sino lentamente, según apuntamos, conservándose excéntricos sus diversos trozos, y no pudiendo por lo tanto mantener comunicaciones muy frecuentes ni regulares con el cuerpo principal del ejército hasta que este avanzase al Ebro. Así continuaron maniobrando en el invierno, no separándose de su anterior arreglo y distribución. El mando que sobre todos ellos tenía Don Gabriel de Mendizábal era, más bien que real, aparente; pero bastó aun así para que amohinándose el general Renovales, en cierta manera antecesor suyo, se alejase de aquel país, y fuese en busca de lord Wellington a quien quería exponer sus quejas; lo cual puso en ejecución con tan fatal estrella que, hallándose en territorio cercano al que ocupaban los enemigos, descubriéronle estos y le cogieron prisioneros a él y a otros seis oficiales en Carbajales de Zamora.

Referiremos pues aquí las refriegas y sucesos militares de más cuenta que hubo entre esta ala izquierda del cuarto ejército, y el de los contrarios llamado del Norte por los meses de invierno y primavera, antes de abrirse la gran campaña, en la que jugaron casi a la vez las fuerzas combinadas de Inglaterra, Portugal y España contra las francesas destinadas a combatir en la península hispana.

Dando principio a la tarea, diremos que Don Francisco Longa, acompañado de su partida y de dos batallones vascongados, acometió en 28 de enero un punto que los enemigos tenían fortalecido en Cubo, camino de Burgos a Pancorbo, y le rindió cogiendo su guarnición prisionera. Toman
los españoles
el fuerte
del Cubo. Demolió Longa el fuerte, de cierta importancia por su posición. Enderezose en seguida a Briviesca, mas se halló entre dos fuegos, viniendo sobre él Caffarelli, que todavía mandaba el ejército francés del Norte, y Palombini, al frente de sus italianos, enviado de refuerzo por José desde Madrid, de donde había salido el 8 de febrero, tomando la ruta por Segovia y Burgos. Evitó Longa el encuentro de ambos, y no siéndole dado a Caffarelli escarmentar cual deseaba al partidario español, retrocedió a Vitoria, después de haber asegurado aún más las guarniciones del tránsito, y apostado a Palombini en Poza.

Sorpresa
y refriega
en Poza.

Era la posesión de esta villa importante, ya por hallarse en la carretera que conduce de Burgos a Santoña, ya por servir de guarda y amparo al laboreo de los ricos minerales y salinas que producen aquellos contornos, cuyos rendimientos no descuidaba recoger la codicia del invasor. Está Poza situado al pie de una empinada roca, sobre la cual asiéntase el castillo estrecho, y que guarnecían solos 50 hombres. Confiado Palombini, y creyéndose del todo seguro, destacó algunas fuerzas con intento de echar derramas y juntar víveres de que carecía. En acecho Longa, avisó a Don Gabriel de Mendizábal, y unidos ambos acometieron a los italianos de Poza al amanecer del 11 de febrero, con lo que les dieron buena alborada. Traían los españoles 5000 hombres, que distribuyó Mendizábal en tres trozos, mandando a Longa que con uno sorprendiese al enemigo en sus alojamientos. Consiguiolo el español hasta cierto punto, apoderándose de bagajes, de hombres y de bastantes armas. Y completo hubiera sido el triunfo, si Palombini, a fuer de veterano en la guerra de España fatigosa y de incesante afán, no hubiera estado vigilante, alejándose al primer ruido para apostarse en el campo por donde sus soldados habían salido a forrajear y proveerse de bastimentos; con lo cual, y manteniéndose a cierta distancia, aguardando el día claro y la vuelta de las fuerzas segregadas que en parte tornaron luego, no solo se salvó, sino que, reanimado, trató a su vez de atacar a los españoles, dándoles en efecto impetuosa arremetida. Fue esta empeñada, y el terreno disputado a palmos; mas al fin no queriendo los nuestros aventurarse a perder lo ganado, se retiraron poniendo en cobro casi toda la presa. No permaneció Palombini en aquel sitio, para él no de gran dicha, enderezando sin dilación sus pasos a las provincias Vascongadas.

Peleas
en las provincias
Vascongadas.

En ellas proseguía sin interrupción el tráfago de la guerra, y los batallones del país se portaron con valentía en repetidas peleas que se sucedieron desde entradas de año hasta el junio, amenazando en ocasiones a Bilbao, y aun metiéndose hasta en la misma villa, según aconteció el 8 de enero y el 10 de mayo, mereciendo además honrosa mención los reencuentros habidos en Ceberio, Marquina y Guernica.

Ataque
de los franceses
contra
Castro-Urdiales.