Movimiento
y situación del
segundo ejército
y de los
anglo-sicilianos.

Avanzando los aliados, formaron una línea que corría desde Alcoy a Yecla por Castalla, Biar y Villena, conservando tropas en Sax y Elda. Aquí estaba el general Roche con su división; en Yecla, ocupando la izquierda, Don Fernando Miyares, de que era centro Castalla, guarnecida por el general Murray; y la derecha Alcoy, que cubría Don Santiago Whittingham, quien primero se había posesionado, en 15 de marzo, de aquel pueblo arrojando a los franceses y dilatando sus movimientos hasta Concentaina, en donde hizo un reconocimiento de venturosas resultas con pérdida para el enemigo de unos 100 hombres. La reunión amenazadora de estas tropas y el temor de que se engrosasen cada vez más Disposiciones
de Suchet. obligó al mariscal Suchet a vivir muy sobre aviso, y dispuesto a no desperdiciar ocasión de precaver los intentos hostiles de los españoles. Acechábala el francés, y le pareció llegada en los primeros días de abril, bien informado de la distribución de las tropas de los aliados, y de cuáles eran las más flacas por su organización y disciplina. Creía se hallaban en este caso las de la división apostada en Yecla a las órdenes de Miyares, y trató Suchet de cogerla entera, confiado, además, en nuestro habitual descuido y en la distancia que la separaba de los otros cuerpos. Escogió con este propósito lo más florido de su gente, y juntola el 10 de abril por la noche en Fuente la Higuera, en cuyo pueblo, repartida en dos trozos, mandó marchase uno de ellos en donde él iba, compuesto de la división del general Habert y de otras fuerzas con golpe de caballería, la vuelta de Villena, y que el otro, formado de la división que regía Harispe, Acción de Yecla. cayese rápidamente y a las calladas sobre Yecla y sobre los españoles allí situados. No pudieron los enemigos marchar tan silenciosamente que no fuesen sentidos de los nuestros, los cuales, al aparecer aquellos, poníanse ya en camino con dirección a Jumilla. Eran los de Miyares de 3 a 4000 peones y pocos jinetes; más los franceses, quienes atacando el 11 muy de mañana y de recio, encontraron en los nuestros resistencia hidalga, trabándose la pelea dentro del mismo pueblo, aún no evacuado del todo, cuyas calles defendieron a palmos los regimientos de Burgos y de Cádiz, replegándose en seguida a una ermita cercana. Junta entonces la división, pasando de loma en loma retirábase en buen orden, disputando con brío cada puesto, cuando impaciente Harispe y queriendo (* Ap. n. [22-1].) desconcertar a los españoles,[*] apresuró su carga e hizo punta de sus tropas sobre el centro nuestro, que, cansado y perdiendo la conveniente serenidad, flaqueó en disposición que, rota la línea, cundió el desánimo, echándose unos atrás precipitadamente, y arrojándose otros al llano, en donde, si bien lidiaron largo rato sustentando la militar honra, rodeados y opresos, muertos y heridos muchos, tuvieron los demás que deponer las armas en número de unos 1000 con 68 oficiales y el coronel Don José Montero.

Ataque de Villena
por los franceses,
y pérdida
de los españoles.

Entre tanto, siempre en vela Suchet, manteníase en Caudete ya para reforzar, si era necesario, a los suyos de Yecla, ya para impedir cualesquiera socorros que enviasen Murray y Elío. Continuó en aquel sitio mientras alumbró el sol; pero adelantándose a explorar su estancia caballería inglesa, moviose el francés a la caída de la tarde, y llegó a Villena después de oscurecido. Retiráronse a su avance los jinetes británicos, mas Elío a pesar de instancias juiciosas que se le hicieron, dejó en el antiguo y mal acomodado castillo de aquella ciudad, sito en la cumbre del cerro apellidado de San Cristóbal, al batallón de Velez Málaga, que mandaba su coronel Don José Luna. Imaginose se hallaba este provisto de suficientes municiones de boca y guerra para mantenerse firme durante dos o tres días, y sobre todo que el enemigo no acometería aquel sitio antes de que despuntase el día 12. Persuasión liviana tratándose de contrarios tan audaces y prestos como son los franceses. Fue en vano pensar en contenerlos: no dieron vagar, pues hundiendo las puertas a cañonazos, penetraron en Villena muy luego, y a poco tuvieron que capitular los del castillo. Eran sobre 1000 hombres.

Refriega en Biar.

Anhelando el mariscal Suchet no pararse en carril tan venturoso, dio principio en el mismo día 12 a sus acometidas contra los ingleses. Tenían estos su vanguardia, capitaneada por Federico Adam, en el puerto y angosturas de Biar, con orden de replegarse a Castalla, disputando antes al enemigo el paso. Cumpliéronlo así aquellos soldados, y su jefe mostró pericia suma, apresurando su retirada tan solo al caer de la noche, si bien después de haber perdido alguna gente, y tenido que abandonar 2 cañones de montaña.

Acción
de Castalla.

Posesionáronse los enemigos de Biar, y se acamparon a la salida que va a Castalla; en donde, ufanos con los lauros conseguidos, aguardaron impacientes la llegada del día, seguros casi de coger otros mayores, y de singular y gustosa prez para ellos por ser ganados en parte contra ingleses. No abatido por su lado el general Murray, preparose a hacer rostro a sus contrarios tranquila y confiadamente. Colocó la división mallorquina de Whittingham con la vanguardia, que guiaba el coronel Adam, en unas alturas a la izquierda, roqueñas y de escabrosa subida, que terminan en Castalla; a cuya población, puesta a la raíz de un monte coronado por un castillo, la encubría en ruedo la división del general Mackenzie, y un regimiento de la de Clinton. Seguía lo restante de la fuerza de este por la derecha, sirviéndole de resguardo naturales defensas, y de reserva tres batallones de la gente de Don Felipe Roche. Habían los aliados construido por acá, y al frente del castillo, diversas baterías. No se hallaba presente, ni tampoco acudió a la acción que se preparaba, el general Elío, retirado en Petrel con algunos batallones, después de lo acaecido en Villena.

Amaneció por fin el día 13, y desembocando el enemigo de las estrechuras de Biar, desplegó sus fuerzas por la hoya de Castalla, fecunda y en productos rica. Ascendían estas a 18.000 infantes y 1600 caballos. No inferiores los nuestros en número, éranlo bastante en jinetes. Empezó Suchet el combate explorando el campo y enviando hacia Onil la caballería. Luego, teniendo fijo su principal conato en trastornar la izquierda de los contrarios, soltó 600 tiradores acaudillados por el coronel d’Arbod, con orden de que trepando por la posición arriba la envolviesen y dominasen. Al mismo tiempo amagó el mariscal francés a los aliados por lo largo de toda la línea, ostentando gallardía y mucha firmeza. Corrieron en aquel trance los nuestros algún riesgo, debilitada la izquierda por la ausencia momentánea de Don Santiago Whittingham que se había alejado poco antes para hacer un reconocimiento; pero a dicha y oportunamente llegó de Alcoy con fuerza Don Julián Romero, quien reprimió la audacia de los enemigos que ya se encaramaban a las cimas. También Whittingham, noticioso de lo que ocurría, tornó a su puesto, y él y Adam y los demás arrollaron a los acometedores, quedando muerto el coronel d’Arbod. Infructuosamente envió en apoyo de los suyos el mariscal Suchet al general Robert con cuatro batallones: todos ellos bajaron desgalgados la montaña, y muchos coloraron con sangre el suelo. Whittingham y Adam, principales jefes, alentaban a la tropa que por la mayor parte era española, dándole ellos mismos ejemplo, y lo propio los que mandaban en las cumbres, Romero, Casas, Campbell, Casteras y el teniente coronel Ochoa, brillando a cual más todos, no solo en denuedo sino también en habilidad y destreza; (* Ap. n. [22-2].) porque, a dicho de nuestros antiguos,[*] «las fuerzas del cuerpo non pueden ejercer acto loado de fortaleza, si non son guiadas por corazón sabidor.» Igualmente se le malogró al francés el amago que había hecho contra el centro y derecha de los anglo-sicilianos; por lo que, recogiendo Suchet su gente, la apostó en escalones, apoyándola por retaguardia en la división del general Harispe, y defendiéndola por el frente con la artillería que plantó en las entradas del camino de Biar.

Entonces más animoso Murray resolvió avanzar, y lo verificó en dos líneas, dejando en las alturas las tropas de su izquierda y cubriendo su derecha con la caballería. Pero intimidado Suchet, no se detuvo en la hoya o valle, sino que triste tornó a cruzar por la tarde un desfiladero que, como decía Murray en su parte, había atravesado por la mañana triunfante y alegre. Prosiguió Suchet retirándose hacia Villena, y no paró hasta Fuente la Higuera y Onteniente, volviéndose los aliados, anochecido ya, a sus estancias de Castalla. Perdieron los franceses en esta jornada algo más de 1000 hombres, nosotros 670, la mayor parte españoles, como que representaron allí el más glorioso y sobresaliente papel, despicándose del golpe recibido en los días anteriores; que son nuestros soldados bravos e intrépidos, siempre que los guían caudillos de buen entendimiento y brío. Procuró Suchet ocultar su descalabro presentando con cuidadoso estudio, por los caminos de Valencia y Cataluña, a manera de trofeo, los prisioneros de Villena y Yecla. Bien lo necesitaba para mantener en alguna quietud los pueblos, muy conmovidos con lo que pasaba en España y en toda Europa, y con lo que se preveía. Empezó Suchet en Castalla a probar los reveses de la fortuna, tan propicia para él hasta entonces; pero que varia y antojadiza, adversa ya a las armas francesas, perseguíalas en muchas partes, y les preparaba en todas largos días de entristecimiento y luto.