Desgraciadísimos los de entonces, no lo fueron menos para ambas Castillas en la exacción de pesadas contribuciones impuestas por los franceses durante los años que las dominaron. Difícil es formar un cómputo exacto de su total rendimiento, pero por datos y noticias que han llegado hasta nosotros, asegurar podemos que excedieron, habida la proporción conveniente, a lo que importaron las de la Andalucía por la permanencia más larga en ellas del enemigo, y el continuado y afanoso pelear.
Luego que evacuó el 27 de junio a Madrid el general Hugo, entraron allí partidas de guerrillas que acechaban la marcha de los franceses, volviendo a poco las autoridades legítimas que antes se habían alejado. Nada a su regreso ocurrió muy de contar.
Prosigue Hugo
su retirada.
Hugo, superando obstáculos, traspasó el Guadarrama, y tomando desde la fonda de San Rafael caminos de travesía, se dirigió a Segovia y en seguida a Cuéllar, en donde pensó tener que defenderse contra las guerrillas guareciéndose en su castillo, antiguo y bueno, fundado en paraje elevado, con dos galerías alta y baja construidas por Don Beltrán de la Cueva, en que se custodiaba una armería célebre de la casa de los duques de Alburquerque, extraviada o destruida en parte ínterin que duró la actual guerra. No tuvo el general francés que acudir a este medio peligroso que le hubiera retardado en su marcha y quizá comprometido, sino que valiéndose de ardides y mudando a veces los días de ruta que José le había trazado, y aun las horas, aceleró el paso consiguiendo cruzar el Duero por Tudela, de noche y tan a tiempo, que mayor demora le hubiera privado de aquel puente, reparado solo con tablones y al que a su llegada iban a prender fuego las últimas tropas de su nación que se retiraban. Se junta al grueso
de su ejército. Juntose el convoy enemigo al grueso de su ejército en Valladolid, y salvose entonces, si bien después pereció en parte, ganada que fue la batalla de Vitoria. Le mandó Hugo hasta llegar a la ciudad de Burgos.
Movimientos
del tercer ejército
y del de reserva
de Andalucía.
La evacuación de Madrid permitió disponer del tercer ejército, que había avanzado a la Mancha, y también del de reserva, organizado en Andalucía por el conde del Abisbal. El primero partió la vuelta de Valencia, uniéndose el 6 de junio en Alcoy y Concentaina al segundo ejército, con el cual, por resolución de Wellington, debía maniobrar ahora para impedir destacase Suchet fuerzas contra las tropas combinadas que lidiaban en el Ebro, sin perjuicio de que se juntase más adelante con estas mismas, según lo verificó. El segundo, saliendo de Andalucía marchó por Extremadura, camino más resguardado, y se enderezó a Castilla la Vieja. Llegó allí cuando los aliados estaban ya muy adentro y en completa retirada los franceses, penetrando en Burgos por los días 24 y 25 de junio. Encargole lord Wellington estrechar el castillo de Pancorbo hasta tomarle; en donde los enemigos habían dejado de guarnición, conforme apuntamos, unos 1000 hombres.
Reconcentradas de este modo las fuerzas de la península, amigas y enemigas, y agrupadas todas, por decirlo así, en dos principales puntos que eran, uno, las inmediaciones del Ebro y provincias Vascongadas, y otro, la parte oriental de España, irase simplificando nuestra narración, y convirtiéndose cada vez más en guerra regular lucha tan empeñada.
Ejércitos
en las cercanías
de Vitoria.
Dejamos a los ejércitos combatientes próximos uno a otro y dispuestos a trabar batalla en las cercanías de Vitoria, ciudad de 11 a 12.000 habitantes situada en terreno elevado y en medio de una llanura de dos leguas, terminada de un lado por ramales del Pirineo y del otro por una sierra de montes que divide la provincia de Álava de la de Vizcaya. Tenían los aliados reunidos, sin contar la división de Don Pablo Morillo y las tropas españolas que gobernaba el general Girón, 60.440 hombres, 35.090 ingleses, 25.350 portugueses, y de ellos 9290 de caballería. La sexta división inglesa en número de 6300 hombres se había quedado en Medina de Pomar.
Mandaba a los franceses José en persona, siendo su mayor general el mariscal Jourdan. Su izquierda, compuesta del ejército del Mediodía bajo las órdenes del general Gazan, se apoyaba en las alturas que fenecen en la Puebla de Arganzón, dilatándose por el Zadorra hasta el puente de Villodas. A la siniestra margen del mismo río, siguiendo unas colinas, alojábase su centro, formado del ejército que llevaba el mismo título y dirigía Drouet, conde d’Erlon, estribando principalmente en un cerro muy artillado, de figura circular, que domina el valle a que Zadorra da nombre. Extendíase su derecha al pueblo de Abechuco, más allá de Vitoria, y constaba del ejército de Portugal gobernado por el conde de Reille. Todos tres cuerpos tenían sus reservas. Abrazaba la posición cerca de tres leguas, y cubría los caminos reales de Bilbao, Bayona, Logroño y Madrid. Su fuerza era algo inferior a la de los aliados, ausente en la costa Foy y los italianos, ocupado Clauzel en perseguir a Mina, y Maucune en escoltar un convoy que se enderezaba a Francia.