Entra allí Durán.

Tocaba a Don José Durán el mando de todas las tropas y el de la ciudad de Zaragoza por antigüedad, y por hallarse asentada aquella a la margen derecha del Ebro, país puesto bajo sus órdenes pero cuya supremacía incomodaba a Mina y motivaba tal vez su tibieza, nacida de ocultos celos. En consecuencia, ordenó Durán, de conformidad con el ayuntamiento y para prevenir excesos, que penetrase en la ciudad aquella misma noche Don Julián Sánchez con sus lanceros. Aparecieron de repente iluminadas las calles y el gentío en todas inmenso, especialmente en el Coso, prorrumpiendo los habitadores en unánimes aclamaciones de júbilo y contentamiento. Al día inmediato entró también Durán en Zaragoza, al paso que Mina, vadeando el Ebro, ocupose solo en seguir las pisadas del general Paris.

Mina desbarata
a Paris.

Alcanzó aquel en breve al enemigo en una altura cerca de Leciñena, de donde le desalojó, y lo mismo de otra que estaba próxima a la ermita de Magallón; teniendo los franceses que retirarse vía de Alcubierre. Fueron allí alcanzados Le toma
un convoy. y, viéndose en gran congoja, abandonaron la artillería y el convoy, y los coches, y las calesas, y casi todo el pillaje cogido en Zaragoza; representando en compendio este campo las lástimas y confusión del de Vitoria. Paris, aunque con orden expresa de recogerse a Mequinenza, no pudo cumplirla, y a duras penas tirando por Huesca y Jaca internose en tierra de Francia.

Sitia Durán
la Aljafería.

Don José Durán, a quien festejaron mucho en Zaragoza, no desatendió por eso poner cerco a la Aljafería, ni tampoco apoderarse de una corta guarnición que dejara el enemigo en la Almunia. Logró lo último sin gran tropiezo, y empezaba a formalizar el sitio del castillo cuando tornó Mina de su perseguimiento. Quedose este en el arrabal sin pasar el Ebro, como país el de la izquierda perteneciente a sus anteriores mandos, al paso que el de la derecha incumbía más bien, según dijimos, al de Don José Durán. Desvío y comportamiento, propio solo de ánimos apocados y ajeno de quien ceñía gloriosos laureles.

Manda Mina
en Aragón.

Para cortar semejantes desavenencias, aunque no quizá con justa imparcialidad, nombró el gobierno a Mina comandante general de Aragón con licencia de añadir a sus fuerzas las que quisiese entresacar de las de Durán, mandando al último partiese con las demás la vuelta de Cataluña.

Se le rinde
la Aljafería.

Dueño de todo Mina y solo, cual deseaba, apretó con ahínco el sitio de la Aljafería. No creía sin embargo enseñorearse tan luego de aquel castillo, más a dicha, habiendo caído en la mañana del 2 de agosto una granada en el reducto del camino de Aragón, que es el más próximo a la ciudad, y prendídose fuego a otra porción de ellas allí depositadas, resultó tremenda explosión, muertes y desgracias, y el desmoronamiento de un lienzo de la muralla; por lo que, descubriéndose lo interior del castillo, quedó este sin defensa ni amparo. Por tanto, forzoso le fue al gobernador francés capitular el mismo día 2, cogiendo nosotros sobre 500 prisioneros, muchos enseres y municiones de boca y guerra. Entregose en breve Daroca, y también poco después al capitán Don Ramón Elorrio el fuerte de Mallén.