Tenían los aliados las siguientes estancias: la brigada del general Byng y la división de Don Pablo Morillo ocupaban la derecha, cubriendo el puerto de Roncesvalles. Las sostenía, apostado en Viscarret, sir Lowry Cole con la cuarta división británica, formando la reserva la tercera del cargo de sir Thomas Picton, que se alojaba en Olagüe. Extendíase por el valle de Baztán a las órdenes del general Hill parte de la segunda división inglesa y la portuguesa del conde de Amarante, destacada solo la brigada de Campbell en los Alduides. La división ligera y séptima acantonábanse en la altura de santa Bárbara, villa de Vera y puerto de Echalar, y se daban la mano con los que guarnecían el Baztán. Servía de reserva a estas tropas en Santisteban la sexta división inglesa. Don Francisco Longa con la suya mantenía las comunicaciones entre esta izquierda de los aliados y las divisiones del cuarto ejército español alojadas a orillas del Bidasoa y en los pueblos de Guipúzcoa.
Llevaba Soult la mira de acometer a un tiempo por Roncesvalles y por el puerto de Maya, término del valle de Baztán, reuniendo para ello en San Juan de Pie de Puerto, el 24 de julio, sus alas derecha e izquierda con una división del centro y dos de caballería. Dirigía Soult en persona el movimiento del lado de Roncesvalles con unos 35.000 hombres, al paso que embestía con 13.000 por Maya Drouet, conde d’Erlon. Se trabó la refriega el 25 en la mañana hacia las entradas de Roncesvalles, cuya posición mantuvo vigorosamente el general Byng apoyado por sir Lowry Cole, hasta que en la tarde yendo a ser envuelta la posición se replegaron ambos a Lizoáin y cercanías de Zubiri. Defendió entonces largo rato y con brío el edificio de la fábrica de municiones de Orbaizeta el regimiento de León, que capitaneaba el teniente coronel Aguier. También por su parte empezó Drouet a maniobrar en el mismo día desde temprano por el puerto de Maya, queriendo habérselas especialmente con la división del conde de Amarante, colocada a la derecha. En un principio limitose todo a solo amagos, recogiendo en seguida Drouet su fuerza en una montaña detrás de un paso angosto, de donde, intentando un súbito y rápido avance, viose favorecido de la suerte, porque soñolientos con el calor del día dos centinelas puestas en un alto, durmiéronse y pudieron los franceses acercarse sin ser sentidos, y aun desalojar de su posición a los aliados mal de su grado. Recobráronla estos después, ayudados de la brigada del mayor general Barnes, y hubiéranla conservado, si noticioso Hill de lo ocurrido en Roncesvalles, no hubiese dado orden de que se replegasen todos a Irurita. Pelearon los aliados en este día por espacio de siete horas, perdiendo 4 cañones y 600 hombres. Wellington en camino de San Sebastián ignoró hasta la noche lo que por el día había pasado.
Permanecieron quedos los franceses el 26 en el puerto de Maya. No sucedió así por el otro punto, adelantándose a dar nuevo ataque en la tarde del mismo día. Se hallaban los aliados prevenidos y más fuertes, habiendo avanzado el general Picton a sostener a los de Lizoáin; y juntos todos, replegáronse escaramuzando a un puesto ventajoso, en donde se mantuvieron firmes y formados en batalla hasta después de cerrada la noche. Continuaron el 27 retirándose en busca de un sitio más acomodado para cubrir el bloqueo de Pamplona, apostando, a este propósito, su derecha enfrente de Huarte y su izquierda en los cerros que hacen cara al pueblo de Villava, descansando parte [inclusos los regimientos españoles Príncipe y Pravia] en un viso que resguarda el camino de Zubiri y Roncesvalles, y parte en una ermita detrás de Sorauren, vía de Ostiz. Colocáronse cerca, de respeto, la división de Don Pablo Morillo y el conde del Abisbal con todo su ejército de Andalucía, excepto 2000 hombres que continuaron en el bloqueo de Pamplona, quedando la caballería británica, del mando de sir Stapleton Cotton, a la derecha sobre Huarte, único descampado en que le era dable evolucionar.
Supieron en el ínterin los franceses de la plaza que se aproximaba Soult, y contentos y fuera de sí prorrumpieron en grandes demostraciones de júbilo, e hicieron alguna salida. Unido Abisbal al ejército aliado de operaciones, dirigía el bloqueo Don Carlos de España, estando a sus órdenes Don José Aymerich con los 2000 hombres del ejército de Andalucía que quedaron allí. Los franceses acometieron al último jefe, le desordenaron y aun le cogieron cañones; y más daños se seguirían, si sereno y reportado España en aquella ocasión, no hubiese por su parte rechazado a los sitiados y arrinconádolos contra los muros.
El 27 llegó lord Wellington a las estancias en que Picton y Cole se habían situado aquel día, casi a tiempo que Soult, teniendo a sus inmediatas órdenes a los generales Reille y Clauzel, empezaba a formar su gente en una montaña que se dilata desde Ostiz hasta Zubiri. Aquí y en otros puntos vecinos colocó dicho mariscal un cuerpo numeroso de caballería; destacando por la tarde una columna para apoderarse de una eminencia empinada, a la derecha de la división del general Cole. Ocupábala un regimiento portugués y el español de Pravia, que tenía por coronel al bizarro Don Francisco Moreda, defendiendo ambos el puesto gallardamente y a la bayoneta. Reforzolos Wellington, por ser importante la conservación de aquel sitio, enviando el 40 inglés y el del Príncipe también español, que mandaba su benemérito teniente coronel Don Javier Llamas; con lo que allí se le frustró a Soult su intento, si bien se apoderó de Sorauren en el camino de Ostiz, sustentando un fuego vivo de fusilería todo lo largo de la línea hasta boca de noche.
Amaneció el 28, día que fuera de mayor empeño. Temprano en la mañana incorporose a los de Wellington la división del general Pack, que destinaron a ocupar las alturas del valle de Lanz, a retaguardia de Cole. Apenas la divisó el mariscal Soult, atacola con superiores fuerzas viniendo de Sorauren; pero viose repelido y privado de mucha gente. Insistió no obstante el francés en enseñorearse de una ermita cercana, y si bien en un principio venció, sucediole al fin como antes, teniendo que echarse atrás. Encendiose entonces la batalla por todas las cimas, logrando los franceses solo ventajas del lado en que se alojaba la brigada de la cuarta división británica que mandaba el general Ross, a punto de colocarse en la misma línea de los aliados. En breve acudió Wellington al remedio, y recuperó lo perdido. Rechazado el mariscal Soult en todos los lugares, empezó a perder la esperanza de auxiliar a Pamplona, y para aligerar su hueste, en caso de retirada, envió cañones, heridos y mucho bagaje, camino de San Juan de Pie de Puerto.
Ni uno ni otro ejército se movió el 29, en acecho cada cual de las maniobras de su contrario. Tuvo orden el general Hill de aproximarse a donde estaba Wellington, marchando sobre Lizaso: lo mismo Dalhousie, con la diferencia este de tener que extenderse hasta Marcaláin para afianzar las comunicaciones del ejército, que se puso así todo él en inmediato contacto. Igual caso sucedió al de los franceses, arrimándose al cuerpo principal el general Drouet en seguimiento y observación de sir R. Hill.
Alerta Soult, no quiso desaprovechar la ocasión, y ya que se le había malogrado lo de Pamplona discurrió auxiliar a San Sebastián, y sacó al propósito tropas de su izquierda para enrobustecer su derecha, tratando de abrirse paso por el camino de Tolosa, abrazando y ciñendo la izquierda de los aliados. Advirtió lord Wellington esta maniobra al alborear del 30, y descubriendo la intención que el enemigo llevaba, determinó atacar a los franceses en sus puestos, mirados como muy fuertes. En consecuencia ordenó a lord Dalhousie envolver la derecha enemiga, encaramándose a la cresta de la montaña que tenía delante, y otro tanto mandó respecto de la izquierda a sir Thomas Picton debiendo dirigirse camino de Roncesvalles. Efectuados estos movimientos por los flancos, arremetió Wellington por el frente y con tal acierto y vigor que los franceses retiráronse y abandonaron unas estancias que ellos mismos conceptuaban de dificilísimo acceso.
Mientras tanto, no quedaron tampoco parados el general Drouet y sir R. Hill. Fue aquel quien primero atacó, consiguiendo por medio de un rodeo envolver la izquierda del último, y obligarle a retroceder hasta colocarse en unos cerros cerca de Eguarás, en los que, firme el inglés, repelió cuantas arremetidas intentó su contrario para desalojarle. Y desembarazado ya entonces Wellington del mariscal Soult, sirvió de mucho a Hill, hallándose a puesta de sol en Olagüe, a retaguardia de Drouet, quien, sabedor de ello, escabullose diestramente durante la noche por el paso de Donamaría, dejando 2 divisiones que cubriesen la retirada. Reforzado Hill, fue tras ellos y logró aventarlos.
Al propio tiempo se movió lord Wellington vía de Velate sobre Irurita, inclinándose a Donamaría, con la dicha el general Byng de coger en Elizondo un convoy de municiones de boca y guerra. Continuose el perseguimiento el día 1.º de agosto por los valles del Bidasoa y del Baztán, posesionándose los anglo-portugueses del punto de Maya, y de modo que, al cerrar de la tarde, hallábanse restablecidas las divisiones aliadas casi en el mismo campo en donde habían empezado las operaciones 8 días antes.