Pensaron los franceses en socorrer a San Sebastián desde el momento en que por agosto se renovó el asedio, intentando verificarlo por donde estaba el cuarto ejército, que tenía ya otro general en jefe en lugar de Don Francisco Javier Castaños [que aunque ausente, continuaba antes siéndolo], y destinado también a Cataluña el que hacía sus veces Don Pedro Agustín Girón. Sucedió a ambos Don Manuel Freire, que tomó posesión el 9 de agosto en Oyarzun, quedándose asimismo Girón por acá al frente del ejército de reserva de Andalucía, de resultas de haber partido para Córdoba con licencia temporal el conde del Abisbal, aquejado de antiguas dolencias.

Dónde
se acantona.

A la sazón situábase el cuarto ejército en los parajes donde antes, si bien más avanzado hacia la frontera, hallándose la tercera división en los campos de Sorueta y Enacoleta, parte de la quinta en San Marcial, y la séptima en Irún y Fuenterrabía. Eran estos los puntos de la primera estancia. A retaguardia formaban segunda línea o reserva detrás de la tercera división, o sea derecha, la de Don Francisco Longa y dos brigadas de la cuarta división británica que ocupó unas alturas al diestro lado del monte de Aya, muy elevado, y como nudo que enlaza las cordilleras de Guipúzcoa y Navarra. Púsose en Lesaca una brigada portuguesa, y por la izquierda y a espaldas de Irún permaneció la primera división británica del cargo del mayor general Howard y la brigada del lord Aylmer.

Acción
de San Marcial.

Despuntaban ya los arreboles de la mañana cuando se presentaron los enemigos, el 31 de agosto, con grandes fuerzas en los vados de Socoa y Saraburo, para pasar con rapidez el Bidasoa por el último, como lo verificaron arrollando los puestos avanzados de los españoles, y posesionándose de la altura de Irachával, punto arbolado y por lo tanto propio para ocultar las columnas de ataque y moverlas encubiertamente. Intentáronlo así, amagando por su derecha a San Marcial, vía del monte de los Lobos, y procurando por su izquierda apoderarse de la posición importante de Soroya, penetrando para ello en la cañada de Ercuti. Aquí malogróseles su propósito, rechazándolos completamente el regimiento de voluntarios de Asturias, el primero de tiradores cántabros y algún otro que los ayudó. Más felices en un principio hacia San Marcial, también cedieron al fin, acudiendo el regimiento de Laredo y nuevos refuerzos; por lo que tornaron escarmentados al punto de donde habían partido.

Nuevos ataques, pero igualmente infructuosos, repitió el francés para apoderarse de Soroya; con la desgracia, no obstante para nosotros, de que en una arremetida que dio el regimiento de Asturias cayó muerto su coronel Don Fernando Miranda, esforzado mozo que lloraron muchos, doliéndose todos de que desapareciese en flor tan preciosa vida.

Temprano aún en la mañana, echaron los enemigos al amparo de la artillería, que tenían plantada a la derecha del Bidasoa en la altura que lleva el nombre de Luis XIV, un puente volante junto al paraje llamado de las Nasas, por el que habiendo atravesado aceleradamente sus columnas, trataron estas de penetrar hasta el puesto de San Marcial, acometiendo el centro nuestro y parte de la derecha; pero repeliolas con valor sumo, hasta desgalgar a sus soldados la falda abajo, la primera brigada de la quinta división, a cuya cabeza iba su comandante general, el intrépido cuanto desdichado Don Juan Díaz Porlier; habiendo también sostenido la maniobra el segundo batallón de marina que acudió al socorro desde la eminencia de Portó.

Atacar este punto y toda la izquierda de los españoles fue la última tentativa que hicieron los enemigos en aquella jornada. Guarnecíale principalmente la segunda brigada de la tercera división, que regía Don José María Ezpeleta, quien recibió de firme y con serenidad a un sinnúmero de cazadores que, apoyados en dos columnas de infantería, le arremetieron vivamente. Apoderáronse sin embargo algunos de los contrarios, en el primer ímpetu, de las barracas de un campamento establecido en una de aquellas cimas; mas concurriendo a tiempo la cuarta división, y cooperando no menos la primera de Porlier con el segundo batallón de marina a las órdenes ahora todos de Don Gabriel de Mendizábal, arrollaron a los franceses, y los acosaron en tanto grado que, expelidos de todos los puntos y también del de Portó, que cerraba por allí la línea, comenzaron a repasar el río, hostigados siempre por nuestras tropas. Distinguiéronse en este trance, además de los ya expresados, los regimientos de Guadalajara, segundo de Asturias y la Corona, y en la última carga tres batallones de voluntarios de Guipúzcoa que guiaba Don Juan Ugartemendía. También brilló la segunda compañía de artilleros, manejada por Don Juan Loriga.

Al propio tiempo que el enemigo se replegaba por el puente de las Nasas, abandonó igualmente en nuestra derecha el monte de Irachával y cruzó el Bidasoa por el vado de Saraburo no sin molestia, hinchándose ya el río con la lluvia que empezó a la tarde, y arreció después extraordinariamente.

No dejaron tampoco los franceses de amenazar hacia los vados superiores, y aun de atacar por el extremo de la derecha española enfrente de donde se alojaba la novena brigada portuguesa; en ayuda de la cual envió Wellington al general Inglis, quien, reforzado además y mejorado que hubo de estancia colocándose en las alturas vecinas a San Antonio, impuso respeto a los enemigos obligándolos a desistir de su porfía.