Provecho de este género resultó de la súbita acometida que al abrir el alba del 7 de agosto dio Don José Manso a un batallón de italianos que custodiaba, en San Sadurní, los molinos que en grande abundancia suministraban harinas a los contrarios. Había aquel coronel querido antes sorprender un convoy que Suchet enviaba la vuelta de Villafranca; pero encontrando dificultades en su realización, limitose a la otra empresa, tan feliz en su remate que solo se salvaron 300 de los 700 italianos apostados en San Sadurní. Los demás fueron o muertos o prisioneros, inutilizando Manso los molinos, y apoderándose de gran porción del acopio de harinas que en aquel sitio había; repartidas las otras entre los paisanos.

Socorren
y vuelan
los franceses
a Tarragona.

Urgía a Suchet socorrer a Tarragona, anhelando sobre todo no cayese en poder de sus contrarios el gobernador Bertoletti y 2000 hombres que guarnecían la plaza. Íbase sin embargo despacio, y aguardó a que se le juntasen con golpe de gente los generales Decaen, Maurice Mathieu y Maximiano Lamarque, cuyas fuerzas juntas ascendían a 30.000 hombres, inferiores tal vez en número a las de los aliados, pero superiores en calidad, siendo compactas y más aguerridas. Por eso lord Bentinck procedía también detenidamente, receloso de algún contratiempo. Los enemigos, viéndose reunidos, determinaron avanzar, yendo Decaen la vuelta de Valls y del Francolí, y el mariscal Suchet por el camino de Vendrell y Altafulla. Colocose lord Bentinck en orden de batalla delante de Tarragona; mas no con ánimo de combatir, retirándose en la noche del 15.

Le siguieron los franceses durante los días 16 y 17 hasta los desfiladeros del Hospitalet que no franquearon, pensando solo Suchet en demoler y evacuar a Tarragona. Llevolo a efecto haciendo volar en la noche del 18 el recinto antiguo y las demás fortificaciones que quedaban aún en pie, pereciendo y desmantelándose aquella plaza, célebre ya desde el tiempo de los romanos. Bertoletti salió con sus 2000 hombres y se incorporó a su ejército que se reconcentró en la línea del Llobregat.

Sarsfield.

La división española del segundo ejército, la cual regía Don Pedro Sarsfield, metiose al día siguiente en medio de aquellas ruinas, y empezó a querer descombrar el recinto, posesionándose desde luego de cañones y otros aprestos militares que se conservaron no obstante el casi universal destrozo de las fortificaciones. Quedó en Reus y Valls la división de Wittingham, si bien parte acompañó al Ebro al tercer ejército, y volvió a avanzar lord Bentinck situándose en Villafranca, ayudado por su izquierda del general Copons, apostado en Martorell y San Sadurní.

Tercer ejército
en el Ebro.

Recogiose a la derecha del Ebro el tercer ejército, yendo desde las inmediaciones de Tarragona, por Tivisa y Mora, la primera y segunda división, bajo del príncipe de Anglona, y la tercera con artillería, bagajes y algunos jinetes por Amposta, a las inmediatas órdenes del general en jefe duque del Parque. Reencuentro
que tiene. Tenía este para verificar el paso solo una balsa y cuatro botes, por lo que no pudo trasportarse con la deseada rapidez a la margen derecha, no obstante lo mucho que al intento se trabajó en los días 17 y 18, dando vagar a que el 19, saliendo el general Robert de Tortosa, hiciese una fuerte arremetida que hubo de costar caro. Reprimiose sin embargo al francés, y consiguió el duque pasar con sus tropas el río sin particular quebranto.

Se acantonaron las divisiones que componían este ejército a la distancia de algunas leguas del Ebro, revolviendo después el príncipe de Anglona con la primera sobre Tortosa. La razón que hubo para el retroceso del tercer ejército provino de una determinación de lord Wellington, Pasa a Navarra. enderezada a que dichas fuerzas se trasladasen a Navarra y se juntasen con las que allí lidiaban. Empezaron por tanto su marcha llegando a Tudela al promediar septiembre, de donde parte de ellas se dirigió a reforzar el bloqueo de Pamplona, teniendo a su frente al príncipe de Anglona, quien a poco tomó el mando de todo aquel ejército, cansado el duque del Parque y afligido de achaques.

Llenaron el hueco que dejaba este ejército en Cataluña otras divisiones del segundo, además de la de Sarsfield, no ocupadas en el bloqueo de las plazas y fuertes del reino de Valencia, yendo a estrechar el de Tortosa la quinta, que capitaneaba Don Juan Martín el Empecinado.