—Opinase ó dijese lo que quisiera. Es que yo no contaba con una complicación inesperada, con un suceso ridículo y fatal. Me he enamorado. Es una razón estúpida, convengo. No encuentro otra. Me he enamorado. No creas que así de broma. Me he enamorado tanto, que comprendo que, en bastante tiempo, no podré resignarme á la vida. ¡Tú serás capaz de extrañarlo! No lo extrañes, Lina.—suspiró con pena romántica.—¡Tú no te has dado cuenta de tu valer! Inteligencia, cultura, alma, belleza... Todo, todo, reunido por mi mala suerte en una mujer singular, que ha resuelto...
—Pero si yo...
—Tú, tú... Tú me permites... que me abrase... Ahí está lo que me permites... Tu compañía, tu amistad, la perspectiva de un enlace... Verte incesantemente, andar juntos y solos por estos sitios que convidan á querer... Yo no soy un fenómeno, yo soy un hombre... ¡Cómo ha de ser! Al separarme de tí, destruyo un gran porvenir, el porvenir de los dos; era algo espléndido... Pero estoy en esa hora en que se arroja por la ventana, no digo el interés, ¡la existencia! Comprendo que procedo en desesperación. No es culpa mía.
Me detuve, y le hice señas de que se calmase y escuchase. El lago rebrillaba bajo un sol tibio. Me senté en el parapeto. Hice señas á Agustín de que se sentase también.
—¿Era una pasión, lo que se dice una pasión? ¿La pasión se manifestaba así? ¿Se limitaba la pasión á estas llamaradas? ¿O sería él capaz, por mí, de sacrificios, de abnegaciones?
—De todo... ¡Hasta qué punto! No lo dudarías si comprendieses cuán diferente eres de las demás... Te rodea un ambiente especial, tuyo, que ninguna otra mujer tiene... ¡Ah! ¿Sacrificios, dices? Lo repito en serio: ¡La vida! ¡La herida está muy adentro!
—Siendo así... ¿Pero mira bien si es así?... ¡Cuidado, Agustín, cuidado!
—¡Así es! Ojalá no fuese.
VI
Y dispusimos la boda. Se escribió para los papeles indispensables. Permaneceríamos en Ginebra hasta mediados de Septiembre, mientras se arreglaba todo. Nos casaríamos en París.