—Basta, María, un poco de resignación... ¡No ves que la pobre todavía está enferma! La nuestra es una pena misma... Señorita, ¿me permite usted que la dé un beso en la frente?

Y no me lo da, sino que pide ¡socorro! porque parece que, al soltarme la señora de Almonte, sufro un síncope...

Al volver en mí, ya un poco más sosegados todos, en un instante de respiro, entre el olor del éter, se habla largamente, con interrupción de sollozos, suspiros y cabezas inclinadas. Carranza, grave, cejijunto, pero sin perder su continente diplomático, de sagacidad y sensatez, dirige la cruel conferencia. Los padres se despiden al fin. Me mirarán siempre como á una hija. Vendrán á verme algunas veces; soy para ellos algo querido, «lo que les queda» de su pobre Agustín... ¡Si yo supiese lo que Agustín valía! ¡Si yo me penetrase de lo que «habíamos perdido»! Y no sólo nosotros. Porque Agustín era para su patria algo más que una esperanza: iba siendo una realidad, ¡tan extraordinaria, tan superior á todo! Acaso—insistía el padre—el genio maléfico que parece dedicado á encaminar los sucesos de la manera más funesta para España, fuese el que había dispuesto la extraña peripecia del lago Léman. Porque él, después de meditar bastante en la catástrofe, veía en drama tan impensado algo de fatídico, que va más allá de la natural combinación de los sucesos...

—¡No lo sabe usted bien!—respondí sinceramente, como si pensara en alta voz, entre las últimas y largas presiones de manos temblorosas y frías.

Al marcharse los dos viejos, Carranza se queda á mi lado, murmurando frases consoladoras, sin convicción. Despaciosa, me arrodillo en la alfombra, ante el canónigo.

—¿Eh? ¿Qué te pasa, hija mía?

—Me confesaría de buena gana.

—¿Confesarte?—La sorpresa cuajó sus facciones en seriedad berroqueña. Era un medallón de piedra el rostro del Magistral.

—Sí, Carranza; confesarme. No puedo con el peso de lo que hay en mí. Ayúdeme á descargar un poco el espíritu.

Las cejas se juntaron más. Un mundo de pensamientos y de recelos indefinidos cabía en el pliegue.