—Solterón, como yo...—se ufanó Polilla.
—Le parecerá raro que esté tan mal enterada, pero usted no ignora qué poco le he visto, y me conviene saber, para conocer los antecedentes de una persona hoy tan allegada. Al fin, Farnesio va siendo mi brazo derecho, como fué el del Sr. de Mascareñas... y del Sr. de Céspedes, el marido de doña Catalina.
—¿Brazo derecho? ¡Quiá! En vida de esos señores, Farnesio no administraba. Cuando doña Catalina enviudó, á los cinco años de matrimonio, siendo Dieguito una criatura, es cuando vuelve á la casa Farnesio, para arreglar el maremagnum de la testamentaría y mil cuestiones y pleitos que intentó la familia de Céspedes. Y como doña Catalina no se daba mucha maña, Farnesio se hizo indispensable. Eso sí: es honrado á carta cabal, y entiende el busílis. En sus manos, debe de haber crecido como la espuma la fortuna de Mascareñas. ¡Mejor para tí, hija mía! Todo esto lo sabe Carranza... ¡Apostemos á que no te lo dice!
—Pues no veo en ello ningún secreto de Estado. Y... á propósito... Y á mis padres, ¿les ha llegado usted á conocer?
—Personalmente, tampoco... ¿Cómo quieres? Pero hay noticias, hay noticias.
—Vengan... ¡Pobrecitos papás míos!
—Tu papá, D. Jerónimo Mascareñas, era hijo de un primo hermano del padre de doña Catalina. El tal primo hermano, tu señor abuelo, perdió hasta la camisa en el juego y otras locuras. Total, que á sus hijos les dejó el día y la noche. A tu padre le atendió doña Catalina muchísimo. Bueno fué, porque pasaba cada crujida... ¿Oye, no te parece mal?
—¡Amigo Polilla, qué pregunta! ¿Pues no he sido yo pobre tantos años?
—Tienes razón... La pobreza enaltece... Rodando y rodando, tu papá conoció á una señorita muy guapa, estanquera en Ribadeo... Dicen que propiamente una imagen... Era enfermiza, la desdichada. Falleció al nacer tú, ó poco después, que eso no lo sé de positivo. Ello es que de tí se hizo cargo, por orden de doña Catalina, el Sr. Farnesio, que te puso ama y te dejó al cuidado de ella, en tierra de Segovia. Pero esto ya lo sabrás tú muy bien. ¿Que te estoy contando?
—No lo crea. Los recuerdos de la niñez son confusos. Sé que mi padre también murió joven.