—Para destruir el podrido estado social que nos aplasta, necesitamos valernos de iguales armas que ellos... Fuerza y dinero son necesarios. Esto yo no lo he dudado jamás.
—Parece evidente, en efecto—deslizo con suavidad y gracia.—¡Quietecito, Daisy! ¿Qué es eso de querer morder?
—Al hablar de fuerza, no me refiero sólo á la fuerza bruta... Se trata de la fuerza de los hechos, la fuerza que conduce al mundo... Y á veces, ¡también la violencia es necesaria!
—¡Incuestionable! ¡Daisy, ojo, que te pego! Y esa violencia... ¿en qué forma?...
—¡En todas las formas!—declara, anudando el entrecejo sobre el brillo de los cristales de los quevedos, que el sol muriente convirtió en dos brasas.
—Por ejemplo... ejércitos... cañones...
—Sí, es probable que convenga apelar á todo eso contra la autoridad y la explotación. Después se les disolverá.
—Si hay después?...
—¡Ah! En ese sentido, siempre hay después. ¡Tenemos que disolver tanto, tanto! Tenemos que disolver á los estafadores de la política, que se mantienen en la escena parlamentaria por su completa falta de vergüenza...
—Vamos, no exageres tanto, hijo mío—intervino Polilla, alarmado—que Lina, por ahora, no es una prosélita muy convencida...