—Ni juez, ni empleado en correos... Déjeme de eso, tío.
—No porfíes, Clodio, dijo agriamente el abogado. Éste no quiere ser nada, nada, más que un solemne holgazán, y pasarse la vida echando borroncitos en papelitos... Ni más ni menos. Allá van los cuartos de la carrera, todo lo que gasté; allá van el Instituto, la Universidad, la pechera, el levitín, la botita flamante; y luego, cuando uno piensa que los tiene habilitados, vuelta á cargar sobre las costillas de uno... á fumar y comer á su cuenta... Sí, señor... Yo tengo tres, tres hijos para gastarme y chuparme el jugo, y ninguno para darme ayuda... Así son estos señoritos... ¡vaya!
Segundo, parado y con las facciones contraídas, se retorcía la punta del bigotillo. Todos se detuvieron en la esquina de la plazoleta, como suele suceder cuando una plática se enzarza.
—No sé de dónde saca V. eso, papá... declaró el poeta. ¿Usted se figura que me he propuesto no pasar de Segundo García, el hijo del abogado? Pues se equivoca mucho. Ganas tendrá V. de librarse del peso que le hago; pero más aún tengo yo de no hacérselo.
—¿Y luego, á qué aguardas? El tío te está proponiendo mil cosas y no te acomoda ninguna. ¿Quieres empezar por Ministro?
El poeta dió nuevo tormento á su bigote.
—No hay que cansarse, papá. Yo haría muy mal empleado en correos y peor juez. No me quiero sujetar al ingreso en una carrera dada, donde todo esté previsto y marche por sus pasos contados... Para eso, sería abogado como usted ó escribano como el tío Genday. Si realmente cogemos á D. Victoriano de buen talante, pídanle ustedes para mí cualquier cosa... un puesto sin rótulo, que me permita residir en Madrid... Yo me las arreglaré después.
—Te las arreglarás... Sí, sí, bien hablas... Me girarás letritas, ¿eh? como tu hermano el de Filipinas... Pues sírvate de gobierno que no puedo... que no robé lo que tengo, ni fabrico moneda.
—Si yo nada pido, gritó Segundo con salvaje cólera. ¿Le estorbo á V.? Pues sentaré plaza ó me largaré á América... Ea, se acabó.
—No, dijo el abogado calmándose... Siempre que no exijas más sacrificios...