VI
El Norte

En esta exploración del conjunto de Landrey se le había pasado la mañana á Gastón, pues era vasto el circuito, las construcciones muchas, y el mozo, imbuído y guiado sin advertirlo por la secreta ilusión del tesoro, se detenía involuntariamente más de lo razonable á reconocer la configuración de una muralla, ó la dirección de un pasadizo. Despierto el apetito con el aire puro, volvióse á casa á esperar á Telma, que de allí á poco apareció por la calzada seguida de un borrico cargado de trastos y de dos fornidos gañanes portadores de varios bultos y líos. No se desdeñó Gastón de ayudar á la descarga, hecha la cual, Telma se dió prisa á aderezarle algo que comiese, dejando para después el acomodo del ajuar.

—Señorito,—advirtió Telma alzados los manteles,—casi no he gastado nada, porque no encontré dónde comprar ropa ni colchones. Todo viene prestado; ¿y sabe quién nos lo presta? ¡El caifás de Lourido! Del lobo un pelo. Me salió al encuentro, hecho pura jalea, y tumba conque el señorito no debía venir sin avisarle, y vuelta conque fuese á parar en su casa, donde hay todas las comodidades, y que aquí el señorito no puede vivir. Y ahí tiene, que los colchones son de don Cipriano, y las mantas de don Cipriano, y el quinqué de don Cipriano, y sólo pude comprar el mineral, los platos, las ollas y las sartenes... Para eso, don Cipriano me obsequió con un paquete de café molido, y unos dulces... ¡Si levantase la cabeza doña Catalina y viese al señor de Landrey obsequiado por Lourido, que llegó á casa en pernetas—bien me acuerdo—y que la primer noche le hizo mi padre fregar con estropajo la cara, porque daba asco de tanta roña! ¡Si traía el hombre cazcarrias del año que se las pidiesen!

—Telma,—preguntó Gastón interrumpiéndola,—tú que has vivido mucho tiempo en esta casa, explícame... Aquí hay una torre muy vieja, muy vieja. ¿La recuerdas habitada alguna vez?

—¿Dice esa tan negra, tan fea, que le llaman de la Reina mora?—respondió Telma riéndose.

—¿De la Reina mora?—repitió Gastón sorprendido.

—¿No sabía que tiene ese nombre? Verdad que como el señorito no ha estado aquí nunca... Esa torre, señorito, es la abuela de todas, la que dicen que se edificó primero, hace una barbaridad de años. Y también cuentan... ¿pero quién da crédito á mentiras? que en esa torre estuvo presa una mora, muy guapísima, una reina de allá entre ellos, que la trajo de la guerra un señor de Landrey; y que la mora se puso muy triste de verse así emparedada, y se quedó seca, seca, hasta que se murió, y que la enterraron con unas alhajas que tenía magníficas, collares y pulseras, y pendientes y muchas preciosidades, allí mismo debajo de la torre, en una cueva atroz que no se sabe á dónde va á parar... ¡como que anda diez leguas arreo por debajo de la montaña! ¡Cuentos, cuentos!—añadió Telma echándola de espíritu fuerte.