—Cuando Estrella se entusiasma... eh? ¿Si habrá conocido actrices Estrella?

—Yo ya lo decía en el primer acto, esa chica vale... No sé cómo no se hicieron Vds. cargo desde el principio...

—Hombre, no nos jeringue Vd.! Vd. no dijo palabra; váyase Vd. al canario.

—Ta, ta, ta, yo no lo dije, porque me hubiesen ustedes comido; aquí todos Vds. son partidarios de la Julia Marqué y de la otra...

—Bah, bah! Lo cierto es que no nos habíamos fijado, ni Vd. ni nadie... ¿Y quién es ella? ¿Una modista?

—Sí; mis primas la conocen... Una modistilla, dicen que de buena conducta.

—Eso ya... averígüelo Vargas.

Ramón subió entre bastidores enojado y sombrío. Todo el teatro haciendo conversación de su novia! Aquella inesperada ovación le daba á él qué pensar. Que en Concha pudiese haber facultades artísticas suficientes para explicar el fenómeno, no se le ocurrió un instante: creyó sencillamente que Concha era bonita y los espectadores unos truhanes de marca. Encapotado y ceñudo llegó á donde estaba Concha recibiendo la felicitación calurosísima de Gormaz: el rostro de éste, sofocado por la asmática tos y dilatado por el placer, parecía un queso de bola de los más teñidos. Al ver á Ramón, aprovechó la coyuntura para escaparse al palco de Estrella, á quien halló en el corredor fumando y charlando animadamente con Gálvez.

—¿Qué me dices, Juanillo?

—¿Chico, de dónde ha salido eso?