—«La sazón es fresca y el campo está hermoso: todas las cosas favorecen á tu venida y ayudan á nuestro amor, y parece que la naturaleza nos adereza y adorna el aposento... Voz de mi amado se oye: veislo viene atravesando por los montes y saltando por los collados... La izquierda suya debajo de mi cabeza, y su derecha me abrazará... Hablado ha mi amado y díjome: levántate, amiga mía, galana mía, y vente... Ya ves, pasó la lluvia y el invierno fuése. Los capullos de las flores se demuestran en nuestra tierra, el tiempo de la poda es venido, oída es la voz de la tórtola en nuestro campo: la higuera brota sus higos, y las pequeñas uvas dan olor: por ende levántate, amiga mía, hermosa mía y ven.»

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—Según los garrapatos que he visto en la edición, Manuela y su... ¡lo que sea! aprendieron á leer por ese libro... Tiene algo de simbólico... La más negra no es el texto, sino los comentarios... Cuidado con aquello que dice de que el jugar á esconderse burlando es regalo y juego graciosísimo del amor... Sí, que no sabrían ellos solos retozar entre los árboles... Pues y el enseñarles á que se fijen y reparen en los arrullos de las palomas y en los amoríos de los avechuchos?

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—Lo más tremendo es la manía de llamarla hermana... «Robaste mi corazón, hermana mía esposa, robaste mi corazón con uno de los tus ojos en un sartal de tu cuello... Panal que destila tus labios, esposa, miel y leche está en tu lengua; y el olor de tus vestidos, como el olor del incienso. Huerto cerrado, hermana mía esposa...»

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—Este lenguaje oriental...

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—«¿Quién te me dará como hermano que mamase los pechos de mi madre? Hallaríate fuera, besaríate, y ya nadie me despreciaría.»

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