—¿Y el chocolate?
—Pretexto para quitarnos de encima á la pobre Catalina. No haga usted caso. Diga que es urgente echar á andar, y que en vez de chocolate, me contento con... cualquier cosa bebida... ¿Leche, supongamos?
—Bueno... pero en mientras que arrean la yegua, también está el chocolate listo.
—¡Se lo suplico... arréela usted al vuelo!
No bien acabó de manifestar este deseo, estaba el médico en la cuadra, dando al rapazuelo que curaba de su hacanea las necesarias órdenes. A los tres minutos volvía junto á Gabriel.
—Perdone, ya me doy prisa... pero es que no me ha dicho qué casta de mal es la que anda por los Pazos, y no sé qué he de llevar de medicamentos, instrumentos...
—Manuela sufre, desde ayer por la tarde, fuertes accesos nerviosos... Pero muy fuertes... Convulsiones, lloreras,... soponcios.... Desvaría un poco... yo creo que hay delirio.
—¡Bien! Mal conocido, herencia materna... Bromuro de potasio. Por suerte lo tengo recién preparadito. ¿Y el... marqués?
—Ese no me parece que tenga cosa de cuidado... Ahogos, la sangre arrebatada á la cabeza...