—No faltaba más. Aunque me fuera la vida en responder.
—Diga usted. Mi cuñado...
X
Juncal terminó la semblanza y biografía de don Pedro Moscoso y Pardo de la Lage, conocido por marqués de Ulloa, con las siguientes filosóficas reflexiones:
—No todos sus defectos hay que imputárselos á él, sino (hablemos claro) á la crianza empecatada que le dieron... Sería mejor que se educase él solito ó con los perros y las liebres, que en poder de aquel tutor tan animal, Dios me perdone... y tan listo para sus conveniencias... Y se llamaba como usted, don Gabriel!
—Maldito lo que se parecen... Como iba diciendo, yo, hace años, muchos años, que no pongo los pies en los Pazos de Ulloa; desde aquellas elecciones dichosas en que anduve contra don Pedro... porque lo primero de todo son las ideas y los principios, ¿verdad, don Gabriel?
—Sin duda, sobre todo cuando uno los ha pesado y examinado y está seguro de su bondad—respondió el artillero.
—Tiene usted razón... á veces se calienta la cabeza, y hace uno disparates... pero en fin, yo soy liberal desde que nací, y en vez de enfriar con los años, me exalto más.
—¿Dice usted que no va usted por allí? ¿Cómo anda de salud... mi cuñado?