—La verdad—aseveró Palmares—que las teorías del amigo Febrero son.... fuertecillas, fuertecillas. Echan por tierra la administración de justicia.

—Si se aplicasen al ejército—observó Cartoné—me lo tenían Vds. disuelto en una semana. Sembraría en las filas la indisciplina y la insubordinación.... Repito que no había ejército posible.

—Ni administración pública—arguyó el delegado de Hacienda.—Tenemos que penar severamente los atentados contra la propiedad, sea pública ó privada. El concepto del delito es la base de la responsabilidad administrativa. Sin embargo, me parece que Vds., al pinchar al amigo Febrero (que ya nos deja por cosa perdida y renuncia á defenderse), le atribuyen teorías que él no profesa, ó al menos interpretan las que profesa de un modo muy violento, extremándolas y dándoles un alcance que no tienen. ¿Me equivoco, Febrerito?

—Usted lo ha dicho, Sr. Delegado—respondió Febrero sacando la primer chupada de un pitillo y enarcando las cejas, movimiento que trazaba dos ó tres arrugas sobre su tersa frente, bien calzada de negro pelo.

—Pues claro está, (apoyó Moragas, gran admirador y simpatizador de Febrero). El que oiga á Cáñamo, pensará que Lucio se empeña en convertir á la sociedad en presidio suelto, y que va á fundar premios para el que saque los hígados á su suegra y se meriende una chuleta de niño recién nacido.... Lo que hace Febrero es estudiar esas cuestiones desde un punto de vista científico, y nada más.

—¡Ah!....—vociferó Arturito, cuyos ojos parados y abultados, que Primo Cova comparaba á dos huevos duros, se inyectaron de sangre y bilis.—¡Ah!, pues ahí esta precisamente el error, ¡el error funestísimo y de espantosas consecuencias! El punto de vista en que hemos de colocarnos para estudiar cuestiones tan trascendentales, no ha de ser científico, sino moral, moraal, moraaaal.... Es decir, que ese arduo, arduísimo problema, pertenece de derecho á la esfera de las ciencias morales y políticas.... No, señores; no es con el criterio de la materia inerte y ciega, del fatalismo y del determinismo absurdos, de Epicuro y Busnér, de la piedra que cae, ni con el escalpelo del anatómico en la mano, como han de decidirse ciertas cosas.... Sólo que, en estos días aciagos, los partidarios de la evolución y la selección, el atavismo y la transmisión hereditaria, los ciegos esclavos de la filogenia y la embriogenia, se obstinan, menoscabando nuestra dignidad, arrastrándola por el lodo, en borrarnos el carácter de racionales, y en equipararnos al orangután, ó sea al mono antropomorfo, ¡como ellos dicen!....

Al oir esta erudita parrafada, Palmares, el magistrado, se puso aún más tétrico, lo mismo que si ya se viese orangután hecho y derecho, ó le estuviesen enseñando por un cristalito la jeta de los antropomorfos de que descendía; Moragas, con disimulo y por debajo de la mesa, hizo burlescamente el ademán del que da cuerda á un reloj, y Pareja, asestándole un codazo á Cartoné, dijo alto:

—Á ver, á ver qué contesta Febrero. Me parece que el discurso no tiene vuelta. ¿Será V. capaz de pulverizar á Cáñamo?

—Bien seguro está Cáñamo de que yo le pulverice—respondió el joven letrado determinándose á hablar y tirando el cigarrillo.—¿Cómo quieren Vds. que uno se atreva á discutir con persona de conocimientos tan vastos? La mitad de las cosas que acaba de nombrar Arturo, yo no sé lo que son, ni si se comen con cuchara. De manera....