—Sí, todo eso es muy lógico—silbó Arturito, encarándose con Moragas;—admitamos que son criminales las berenjenas, y criminales los grillos...., ¡con tal que no lo sea el hombre! Vds. quieren suprimir la noción del crimen; y al suprimir la noción del crimen, la de la responsabilidad; y con la noción de responsabilidad, la del libre albedrío; y suprimida la del libre albedrío, á tierra la del castigo; y con el castigo, la de la vindicta pública, ó sea la conciencia social, y otra noción más altísima, si cabe: la noción de....
—Eche V. nociones—interrumpió Febrero—y así que acabe, ¡hágame el favor de permitir que me cuenten la última versión del crimen! Supe ayer que se ha cometido un parricidio en la Erbeda; pero dicen Vds. que hay nuevos datos, y yo, entretenido con unos libros que me llegaron por correo, no he cogido un periódico local esta mañana.
IX
Pues hay detalles que espeluznan—contestó Nozales.—De una ferocidad digna de salvajes, inconcebible, repulsiva.
—¿Está V. ya informando?—preguntó con socarronería Primo Cova.
—Como si estuviese,—replicó no sin impaciencia el Fiscal.—Ni prejuzgo nada, ni los señores (señaló á Palmares), ni yo, ni persona alguna, han de formar su opinión por lo que hoy se platique, sino por la luz que arroje el sumario; pero admitamos provisionalmente que sea verdad lo que dice la mayoría de la prensa.... y reconozcan que el crimen es de los de patente.... Al anochecer se recoge á su hogar un trabajador honrado, un infeliz carretero, y cena pacíficamente en compañía de su esposa y de una inocente criatura.... Se acuesta en el lecho conyugal, á reposar las fatigas del día.... Apenas la inicua de su mujer le ve dormido, y dormida también á la criatura en la misma cama, ¡qué horror! sale y se va en busca del querindango, que es por cierto el mismo cuñado de la futura víctima.... Y vienen; y ella le entrega al amante el cuchillo, y pone debajo de la cabeza del marido un barreño, y descuelga el candil, y alumbra, y lo sangran como á un cerdo, allí mismo, allí donde dormía su hija, la niña inocente, que ni siquiera abre los ojos.... Y luego desocupan en el río la sangre recogida en el barreño, y visten el cadáver, y el cuñado lo atraviesa en un burro y lo deja en un pinar, no sin triturarle la cabeza á hachazos, para que se crea que fué muerto allí, en riña ó sabe Dios como.... ¡Todo para gozar á sus anchas una pasión impura y brutal!
El grupo escuchaba con interés tan artístico relato. Al terminar la narración Don Carmelo, exclamó Cartoné, que juraba como los galanes de las comedias viejas: