—¿Y qué hizo V.,—preguntó Moragas, cada vez más interesado,—al llevarse la trampa aquello y acabársele á V. el oficio de allanar casas de curas? ¿Se dedicó V. al.... de ahora?
—Entonces—contestó el hombre sombríamente, recapacitando para recordar el nuevo peldaño de la escala social que rodara,—entonces.... me metí á comisionado de apremios.
—¡Magnífico!—dijo Moragas, riendo sarcásticamente.—¡Muy bien pensado y muy en carácter! La Revolución perseguía con el hierro y el fuego las ideas; la Restauración fué más práctica, y organizó la persecución de los bolsillos.... Reclutó una jauría de sabuesos...., ¡y á cazar!
—Pero, señor,—objetó Rojo,—las contribuciones hay que cobrarlas, y lo que es por su fino gusto no las pagaría nadie.
—Cuando son excesivas y brutales,—respondió colérico Moragas,—cuando pesan tanto que revientan al contribuyente.... V. suponga un Estado bien regido, donde haya abundancia y economía, y crea V. que ese Estado no necesita comisionados de apremios. En fin, el caso es que V....
—Señor.... Yo tenía entonces la niña, que este rapaz nació después.... Y era preciso mantenerlos....
—Esa ya es una razón de mejor ley,—contestó Don Pelayo.
—Pero yo no sería comisionado de apremios si fuese una mala acción,—declaró Juan Rojo con curioso alarde de dignidad, que casi desconcertó á Moragas.—Yo, ni en esa ni en las demás acciones de vida he faltado, porque sé muy bien qué es delito y qué no es delito, y podría ahora mismo someter á un juez todos mis actos, seguro de que no tendría por qué avergonzarme. Yo soy honrado á carta cabal; yo, si encuentro en la calle millones, los devuelvo á su dueño; yo respeto como el que más lo que debe respetarse; pero era cuestión de dar de comer á mi familia.... y serví al Estado, lo mismo que lo servía, pongo por caso, el Delegado de Hacienda....
El argumento debió de impresionar á Don Pelayo, que ó no supo ó no quiso replicar por entonces palabra. Callaba también Rojo, y reinaba en el pobre camaranchón embarazoso silencio. De pronto se le ocurrió al Doctor una pregunta, que produjo en su interlocutor sacudida muy honda.