—¡Ahí verás tú!... Ni yo me lo imaginaba tampoco hace una semana. Estaba en Ciudad Real, y descuidadísimo... Pero un día se me presenta allí Mo... ¡Si vieses qué peripecias!... El diablo lo añasca todo... Casamiento y mortaja... ¡La vida, chico!

—¡Ah bonachón, pedazo de pan! ¿Pues no decías que para ti no se había cortado la casaca?

Portal no contestó: sonrió, miró de soslayo hacia la punta de sus botas llenas de polvo, y una expresión maliciosa e infatuada pasó por su rostro anchísimo, curtido ya por el sol de los ejercicios de la profesión ingenieresca.

—¡Pch!... No podía fallar: habías de salirme con eso... No cabe duda; la vida no puede teorizarse; gracias si la vamos practicando a tropezones... y la teoría es el reverso de la práctica. Estas cosas vienen así... no porque uno las prepare; así como no puede prepararlas... ¡corcho! tampoco las puede rehuir.

—¿Pues no te habías desilusionado? ¿Pues no reconocías que Mo... vamos, no era tu ideal, ni por semejas? ¿No me confesaste que cualquier muchacha sencilla e ignorante te parecía preferible?

—Bien... yo me expresé aquel día con cierta exageración. Estaba fuera de juicio. No hay que tomar al pie de la letra lo que dice un enamorado emberrechinado. Mo no es la mujer nueva, convenido; pero acaso no es tiempo aún de que esa hembra excepcional aparezca en nuestra sociedad y la modifique... Entretanto, Mo es una real mujer, que me tiene ley, que dejaría por mí la proporción más brillante... y eso supone algo, compadrito. Mathew... ¿ves tú? se casaba, iba al ara de Himeneo, si a ella se le antojase. No es invención, no; cartas cantan... Y el tal Mathew tiene muchas libras...

—¿De carne?

—¡Esterlinas, Caracoles!

—¿Y dices que mañana? ¡Escopetazo!

—Cabal... Todo lo he arreglado al vuelo... Si es locura... ¡mejor! Alguna locura se ha de hacer en la vida, chacho... y las locuras, en caliente, que es cuando tienen mejor substancia. Estoy convencido de que los locos la aciertan más que los cuerdos. Nuestro siglo está enfermo de sensatez; nuestra generación, hipocondríaca de formalidad y de tanto calcular las consecuencias de los actos pasionales... Yo creo que es hora de tocar a rebato. ¿Qué opinas?