—Vamos, tití, confiesa que no eres muy dichosa con tu cónyuge.
V
Carmiña no se arredró. Esperaba, sin duda, desde que nos hablábamos así confidencialmente, que tarde o temprano se me fuese a mí la lengua y saliese a relucir la cuestión vedada, la eterna manzana conyugal. Estaba, pues, dispuesta al combate.
—¿Y por qué no he de ser dichosa? —contestó dejando asomar a sus mejillas un carmín puro—. La dicha (no te rías de estos términos) está en nosotros mismos. El que cumple con su obligación y de buena gana, es feliz. ¿A que no me lo niegas?
—¿Pues no he de negártelo? La felicidad del ser humano consiste en realizar plenamente su destino y los fines propios de la vida, y uno de los fines principalísimos en tu sexo es el amor y la maternidad. Tú no amas ni tienes hijos; luego...
Al tocar este registro, al asestar contra el corazón de la noble mujer este dardo impregnado de ponzoña, vi que ella no esperaba tan rudo ataque. Se puso del color de la grana; sus ojos se entornaron dolorosamente; abrió primero la boca para respirar y beber el aire, como quien recibe tremendo golpe, y luego la cerró, como el que comprende la necesidad de callar a toda costa. Pude conocer mejor el efecto que le había causado mi estocada, en que guardó silencio. Y al fin salió con este argumento endeblísimo:
—Cuando Dios no ha querido darme hijos, Él sabrá por qué. Nunca debemos rebelarnos contra la voluntad de Dios, que conoce mejor que nosotros lo que nos hace falta.
—Bien, corriente; así será, pero una cosa es resignarse, es decir, fastidiarse, y otra ser feliz. Tú feliz no eres.
—No sé de dónde lo sacas. No parece sino —repuso ella buscando una evasión— que me ves por los rincones de la casa llorando. Pues me parece que...
—¡Ay, tití! —exclamé acercándome a pretexto de revolver en la canastilla de los hilos y de jugar con los carretes y las estrellas de crochet—. ¡Ay tití! ¡Las cosas que podía yo contestarte! ¡Ay si te dijese clarito por qué no lloras! ¿Crees que no atisbamos, que no miramos, que no vemos los demás? ¡Bobiña! ¡Pues si yo me paso la vida pendiente de lo que tú haces... de lo que tú sientes... oyéndote la respiración! ¿No había de saber por qué esta temporada te baila la alegría en el cuerpo?