—¡Me toca a mí!

Cuando atravesaron el recinto para ir a instalarse en el diván, se oiría el volar de una mosca. En cambio, medio minuto después las acaloradas conversaciones sotto voce remedaban el zumbido de una colmena:

—Hizo mal.

—No, pues a mí me parece que muy bien.

—Es una escena, de todos modos.

—¿Usted lo haría?

—Yo no; yo pienso de otra manera; soy muy poco democrática; esa fregatriz no es para alternar con las señoras desde sus principios.

—Pero, en fin, es la mujer de su padre, y consentir que le ponga en berlina...

—¿Usted cree que al cabo no le pondrá? Es un golpe de efecto.

—No, un rasgo de humildad y de modestia. Es muy buena Carmiña: mire usted que la conozco desde que nació.