—¿Y reñísteis por eso solo?
—Reñimos —contestó Portal repentinamente exaltado, echando chispas por los ojos y arrebatada su amplia faz— el día en que me planteó la crisis e hizo cuestión de gabinete la inmediata boda. Yo me solivianté... y ella no, al contrario: estaba más serena, y más cándida, y más guapa que nunca... ¡Erre en que hacía un papel desairado, y en que a su edad ya su madre llevaba tres años de matrimonio, y habían nacido ella y William, el mayor de los chicos...! ¡Estuve por decirla que la indemnizaría del retraso! Desde que empezamos la polémica, me trató de usted... ¡Y si vieses qué sonido tan particular, tan seco, le daba al usted la muchacha! Yo, haciéndola mil reflexiones... y nada, tiempo perdido... como si hablase a esa cama de hierro...
Calló un instante el oportunista, y sus cejas se contrajeron con sombría expresión. Al cabo de algunos segundos añadió con esfuerzo:
—Llegué a figurarme que esa mujer no me ha querido nunca. Sí, adquirí el convencimiento...
—¿Porque deseaba casarse pronto?
—¡Bah! Por eso no precisamente... Hay que fijarse en la voz, los gestos, la manera de mirar... Lo que uno cuenta no da jamás idea de lo que ha sucedido. Quisiera que la vieses. Parecía un mercader discutiendo un negocio... Aquel corazón es de berroqueña; es un témpano, mejor dicho... ¡Un Témpano! No sé cómo pude llegar a ilusionarme tanto al principio, y personificar en Mo la mujer nueva. ¡Corteza, cáscara, mentira! Pero yo, en mis trece. De casaca no quise ni prometer, ni soltar prenda. ¡Si vieses con qué tranquilidad me despachó! Yo en la puerta, y ella de espaldas, rígida, sin llamarme... Pero se lleva chasco, que con Mathew tampoco se casa. ¡Buena gana tiene el mozo!
—Mathew... ¿Quién es ese? ¿Un rival?
—Un cajero que se trajo de Inglaterra la compañía Stirling. ¡Un inglesito más antipático! Y piensa en bodas lo mismo que yo. Ya verá la señorita Mo lo bueno... Mathew no se casa... ¡Como no se case con una botella de gin!...
Al hablar así, el rostro de mi amigo se descomponía, revelando oculto sufrimiento.
—Pues si resulta que Mo no es lo que tú soñabas —le dije—, debes alegrarte del trueno.