La dama permaneció silenciosa, fruncida. Al fin, con gesto seco, hizo una seña negativa y rompió á andar hacia la puerta. Silvio se precipitó, la cogió suavemente del brazo, con reverencia filial.
—Baronesa, por Dios, necesito ese dinero. No se empeñe en hacerme bien contra mi voluntad: ya adivino sus intenciones... pero lo necesito.
—¡Necesita usted morirse en un hospital!—gritó la señora revolviéndose furibunda.—Lago, Lago, ¡nunca será usted una persona de buena cabeza! ¡Se empeña en irse á pique! No; no le doy los cuartos. Ni están en casa. ¿Cree que se tiene tan á mano el dinero? ¿Que soy alguna despilfarradora como usted? Siempre le habrán pegado el sablazo número cuarenta y cinco mil cuatrocientos cuarenta y cinco. Rodeado de tunos vive usted. Le beben la sangre. El día que usted les pidiese algo á ellos, ¡veríamos! ¡veríamos!
—Baronesa querida, ¡por Dios! Un compromiso: he ofrecido mil pesetas á un amigo desgraciado...
—Á un pillo redomado.
—¡Señora! ¡Qué modo de juzgar! Como usted cobra sus rentas, no se hace cargo de lo que pasa en el mundo. Hay mucha hambre, baronesa, por ahí.
—¡Y mucha sinvergüenza y holgazanería!—clamó fuera de sí la señora, reprimiéndose para no atizar un pescozón á aquel tonto de artista.—¿No está usted expuesto como el que más á que le haga falta, en una enfermedad, lo que se ha ganado? ¿Es usted algún millonario? ¿Por qué le chupan los tuétanos, vamos á ver? ¡Porque le consideran bobo, bobo, bobo, bobo de remate!
No le permitían los nervios á Silvio, en tal ocasión, oir estas cosazas, ni podía avenirse casi nunca á los consejos imperiosos, y en llana prosa—llana y útil—de la Dumbría, que lejos de convencerle, tenían la virtud de causarle una reacción de poesía bohemia; el interés, colocado así en primer término, sobre pedestal, le indignaba, como indigna á un pensador original y revolucionario un argumento de buen sentido.
—Señora—articuló secamente,—ese dinero es mío y dispongo de él. No pensaba recoger sino mil pesetas; ahora me da la gana de llevármelo todo. Voy á mudarme de casa; tengo infinitos gastos...