El muro tiene una puerta; la palpo y advierto la resistencia resonante del bronce. Y en mí brota una voluntad de bronce también; pero ardiente como el bronce cuando corre por canalejas, derretido, en la fundición.
La voz tenue, balbuceadora, musical, me insinúa:
“La materia es limitada; pero no hay límite para ti.
Tú eres árbitra y entalladora y cinceladora de ti misma.
Elige.
Podrás degenerar en las cosas inferiores como los ciegos, y podrás transformarte en las superiores y divinas.
Si cultivas tu cuerpo, crecerás como planta; si tus sentidos, te revolcarás como bruto; si tu razón, serás como los hijos de los hombres; si tu inteligencia pura, como los ángeles; y si volviendo á tu centro te abismas en él, serás espíritu feliz.
Ni á murmurarte me atrevo lo que serás. Arcana es la palabra, arcano el presentimiento.
Déjate morir, y en el mármol de tu cadáver entalla tu estatua nueva.
Así que tenga forma, un soplo de amor la animará.