Has padecido injusticia, y has tocado con la mano la concupiscencia y la bajeza y la dureza humana.
Y todo eso te ha macerado en mirra para resucitar de la sepultura”.
Bajé la frente y supliqué:
“Un deseo consume á mi nuevo corazón.
Quisiera saber dónde está el aroma, porque á mí misma no me puedo sufrir; despido hedor.
¿Dónde se encuentra el nardo precioso?
¿El nardo espique, el nardo de Judea?
Mientras huela así mi vida pasada, creeré que estoy muerta y que soy como el desventurado á quien he visto ayer corriendo á caballo. ¡Cosa extraña, pues muerto está!
Dime si quieres tú que viva esta pobre mujer, ¡oh infinito, hacia quien voy, pisando eso que tanto les envanece, eso de que se pagan, eso que les pudre todas las flores, eso que llaman cordura!
Cuando tú, ¡oh infinito!, me saques del foso profundo, hagan de mí lo que quieran aquellos que tienen forrado de grosura el corazón.