¡Ellos, del corazón, son ciegos y necios, aunque tienen los ojos claros!
Mi corazón ve; y porque ve, lloran mis ojos.
Lloran sin hincharse, lloran sin enrojecer, lloran invisibles lágrimas.
Me baño en un lago tranquilo, del país donde se llora callando.
Este lago de lágrimas y perlas no tiene orillas en cuanto mi vista alcanza.
Y cuando pregunto quién ha vertido tanta lágrima, la voz me contesta que son las lágrimas ocultas, que corrieron hacia dentro, que no quisieron hacer barro, y que son más hermosas que las descaradas en gritos y sollozos.
Porque las margaritas no se arrojan al camino para que las pisoteen animales inmundos, y lo mejor del espíritu no se comunica en la plaza.
Y estas lágrimas secretas hierven al sol del infinito querer, y abrasadas se vuelven fuego.
Como el vino, embriagan, y sostienen como la ambrosía.