No merezco esta vestidura de fiesta real.

Ahora, el infinito se me aparece en su verdadera forma, que es amor, y con su reverberación se enciende el caos y resplandece.

¡Cuánta iluminación!

Nace el amor, se ceba en la infinita hermosura, crece la llama, cobra ímpetu irresistible; nada queda que no se transforme en él.

Ya está hecha la unión, atado el lazo.

Amor, no te conocía. Te buscaba entre muertos, y vivo estás.

Te confundí con sombras, y la luz es consubstancial contigo. Te encerraba en mí, y ahora en mí no estoy yo; está el eterno amante.

¿Dónde me esconderé que no me roben este bien sumo? ¿Dónde celo esta ventura, que no le hagan las brujas mal de ojo? Porque el mundo es corrosivo al amor, y lo disuelve.

Si ven mi rica túnica de lágrimas emperladas, robarla querrán. Moverán las cabezas los necios del corazón, y dirán sentenciosos: Enferma está, trastornadas tiene las facultades.

Y á mi túnica nupcial pondrán asechanzas.