Casandra.—Oigo los latidos de tu corazón.

Belerofonte.—No; es el tuyo.

Mutación.—Sitio solitario y salvaje, donde se ve la entrada de la cueva de la Quimera.

ESCENA II

Casandra, Minerva

Casandra.—Aquí debe de ser. Veo la boca del antro. Escondida detrás de aquellos peñascales asistiré al combate; y si mi amado perece, saldré á entregarme al monstruo para que me haga pedazos también.

Minerva.—¿Cómo en este paraje hórrido, Infanta de Licia? ¿Cómo has abandonado tus estancias atestadas de riquezas, tus jardines deleitosos, donde músicos y rapsodas, mimos y acróbatas, porfían en inventar canciones y juegos con que entretenerte? ¿Ignoras cuánto valen la paz y el honor de que disfrutas? ¿No piensas en la aflicción de tu padre, si la Quimera te destroza? Vuélvete.

Casandra.—¿Quién eres para hablarme así?

Minerva.—Un numen.