—Vengo á hacer las paces con usted...—murmuró.—¿Qué es eso? ¿No se le ha pasado todavía?

Silvio no sabía por dónde salir. No carecía de explicaderas, seguramente; pero la Porcel, al infundirle mil sentimientos opuestos, tenía á veces el dón de desconcertarle.

—Vengo—insistió Espina—á raptarle á usted. ¿Vamos, qué aguarda? Suba.

Silvio saltó al coche. Tardaba en encontrar la frase adecuada á su especial situación, y se la proporcionó su interlocutora.

—Á ver... Pronto, ese acto de contrición.

Lo salmodiaba el pintor con cómicas añadiduras, cuando Espina interrumpió:

—Por adelantado, la penitencia... Dijo usted que conmigo sólo se podía hablar de modas... Va á acompañarme á casa del modisto. Figúrese que á los Crouzat-Salvilly se les ha ocurrido dar un baile en su castillo, pero un baile que será el de la temporada; han invitado á la fleur des pois... Yo les hubiese agradecido infinito que no se acordasen del santo de mi nombre, porque esos bailes que obligan á viajar en ferrocarril no tienen pizca de divertidos... Pero Valdivia, erre con que no falte; dice que á esa fiesta es preciso asistir... él sabrá por qué. ¡Tonterías! Cuando menos se preocupa una de las invitaciones, más le asedian. En fin, necesito arreglar joyas, y un traje que no sea demasiado ridículo... ¡Estoy tan aburrida de lo poco que los modistos discurren! ¡Y pensar que los modelos de estos calabazas, con diez meses de retraso, forman la base de la elegancia vertiginosa de las madrileñas!

Su antiguo despecho, sus celos sin amor, renacían, se desbordaban en sátira. Describía el guardarropa de Lina Moros, á la moda de un año atrás, admirado con la boca abierta por las que todavía daban golpes á los trapos de hace un trienio.

No tuvo tiempo de completar la descripción. Ya el coche se paraba ante una joyería en la calle de la Paz. Espina se bajó, ayudada por Silvio, y el joyero, solícito, enseñó modelos; discutieron el arreglo y aumento de los largos hilos de gruesas perlas que Espina poseía y pensaba escalonar sobre el escote, á lo Médicis, y para los cuales deseaba un broche espléndido, un rubí único en tamaño, color y talla. Aseguró el joyero que el rubí se encontraría.