—¿Qué diría usted, si en el techo del castillo de la Condesa de los Pirineos reprodujese yo la corta de la hierba seca en el Pazo de Alborada?
El último carro se retiraba chirriando, estridente y fatídico; el horizonte era violeta; las hojas se estremecían.
La baronesa ordenó:
—Va á caer rocío... Á casa, á la cama los enfermos...
Se inició un período aún más angustioso: empezó á faltar el aire á Silvio.
Por momentos respiraba normalmente; pero de pronto, la ansiedad se apoderaba de él, y descompuesta la faz, lívidas las mejillas, principiaba á jadear, á inspirar y espirar con esfuerzo horrible. Un día que, sentado á la mesa, entre desganado y encaprichado, picaba con el tenedor blanco filete de lenguado fresquísimo, rociado con limón, se levantó de pronto llevándose las manos á la garganta, al pecho, á las sienes después; se precipitó hacia la ventana, abrió la boca en redondo, aspiró locamente, y como el jadeo de asfixia no cesase, tambaleándose, se arrojó al suelo, tendido cuan largo era. No podían las dos señoras, la baronesa muy forzuda, Minia de endebles puños y delgadas muñecas, levantarle en vilo, ni aun con auxilio del criado, porque Silvio hacía señas desesperadas, lanzaba ayes para que le dejasen así, como un cadáver, aplacado al piso. Y daba horror su cuerpo huesudo, largo, sacudido por el jadeo. Al cabo se logró acostarle sobre un sofá. La disnea se calmó, dejándole en abatimiento sumo.
Desde entonces no tuvo Silvio comida gustosa, y empezó á cerrársele el pico, á repugnarle todo, hasta esos alimentos que crían fibra y sangre.
Eran el último refugio, el último baluarte de su enfermera, los huevos, los sanísimos huevos, blancos y limpios como capullos, que la baronesa le enseñaba recién puestos, calientes aún del cuerpo de la gallina, con transparencias rosadas al través de la nitidez de fina escayola de su cáscara. Y, estando cenando, vió la baronesa que el enfermo movía la cabeza, hacía un mohín de repugnancia á la yema batida con azúcar y Jerez, y después, que dos lágrimas se deslizaban, lentas, por las mejillas enflaquecidas.