—No, no, yo soy otra cosa; para mí no hay perdón; yo...

Hízome con la mano señal de acercar mi oído á su boca, y entre un vaho de calentura pronunció:

—¡Yo... estoy... condenada!.. ¡Condenada!

—¡Qué disparate! Usted se va al cielo... dentro de muchos años... Bueno, no se aflija, la complaceré... Ahora mismo traigo al sacerdote. Tome primero la poción, recobre fuerzas...

Regresó de la botica Marichu, y al entregarme un frasco envuelto en papel, me secreteó afanosa.

—Un cura se necesita, pues... No ha de ir como los perros, señor... Cristiana es, cura han de llamar...

—Iba á salir á buscarle... Tráete una cuchara de plata.

No la había. Marichu fregó una de vil plomo. Cucharada tras cucharada, administré á Rita la dosis. Pareció reanimarse un poco, y recargó:

—El confesor... ¡Volando!

El médico volvía ya, dispuesto á pasar la noche á mi lado. Olía su boca barbuda á vino barato, á queso de Flandes.