—¿Y qué quiere que haga?—replicó ella.
—Encajes, como tu amiguita.
—¡Ay!, no me aprendieron.
—¿Pues qué te aprendieron, hija? ¿Coser?
—¡Bah! Tampoco. Así, unas puntaditas....
—¿Pues qué sabes tú? ¿Robar los corazones?
—Sé leer muy bien y escribir regular. Fui a la escuela, y decía el maestro que no había otra como yo. Le leo todos los días La Soberanía Nacional al barbero de enfrente.
—Pusiste una pica en Flandes. ¿No sabes más?
—Liar puros.
—¡Hola! ¿Eres cigarrera?