—¡Señor y Dios de los cielos!

—Parece que todo el estómago se me revolvió.

—¡Pobre del pobre!

—¡Cuándo vendrá la federal para que se acaben esas infamias!

Otra cuerda que siempre resonaba en aquel centro político femenino era la del misterio. Cualquier periodiquillo, el más atrasado de noticias, contenía un suelto que, hábilmente leído, despertaba temores y esperanzas en el taller. Amparo empezaba por hacer señas al concurso para que estuviese prevenido a importantes revelaciones. Después comenzaba, con reposada voz:

—«Atravesamos momentos solemnes. De un día a otro deben cambiar de rumbo los acontecimientos...»

—Lo que yo digo. Esta situación, de por fuerza se la tienen que llevar los demonios.

—Hasta que llegue la nuestra....

—No, pues cuando este lo huele.... Por Madrid andará buena la cosa.

—Así los parta a todos un rayo, comilones, tiránigos, chupadores.