—Usted... quiere comprometerme... quiere conducirse como se conducen los demás con las muchachas de mi esfera.

—No por cierto, hija; ¿de dónde lo infieres? No pienses tan mal de mí.

—Mire usted que yo bien sé lo que pasa por el mundo... mucho de hablar, y de hablar, pero después....

Baltasar cogió una mano que trascendía a fresas.

—Mi honor, don Baltasar, es como el de cualquiera, ¿sabe usted? Soy una hija del pueblo; pero tengo mi altivez... por lo mismo.... Conque... ya puede usted comprenderme. La sociedá se opone a que usted me dé la mano de esposo.

—¿Y por qué?—preguntó con soberano desparpajo el oficial.

—¿Y por qué?—repitió la vanidad en el fondo del alma de la Tribuna.

—No sería yo el primero, ni el segundo, que se casase con.... Hoy no hay clases....

—¿Y su familia... su familia... piensa usted que no se desdeñarían de una hija del pueblo?

—¡Bah!... ¿qué nos importa eso? Mi familia es una cosa, yo soy otra —repuso Baltasar impaciente.