—¡Niñas de aquí! ¡Líbrete de ellas Dios! Más temibles son que el cólera. ¿Sabes tú las exigencias que tiene cualquiera de esos angelitos? ¿Sabes tú cómo las gastan?...

—De modo que....

—La mujer que tú necesitas está en León mismo.

—¡En León!... Sí, en efecto acaso allí sea más fácil.... Pero no veo... Las de Arga, tienen ya novio; Concha Vivares sólo es rica en esperanzas, hay una tía que piensa dejarle su herencia: mas de aquí a que estire la pata.... La de Hornillos... no; la de Hornillos sólo tiene pergaminos, y eso no se echa en el puchero....

—Te andas por las alturas... el ramo de señoritas está mal: aguárdate, que voy a decirte....

Levantose Colmenar, y abriendo un cajón de su pupitre, sacó una tira de papel, rancia y amarillosa, cubierta de nombres, que recordaba las listas de proscripción. Y lista era, en efecto: allí estaban inscritos por riguroso orden alfabético los feudatarios de la gran personalidad colmenariana, en las diversas provincias de la Península; había apellidos que tenían al pie una A mayúscula, que significaba adicto; otros señalados con M A, muy adicto, alguno llevaba agregada una D, dudoso.

El prohombre apoyó el dedo índice en uno de las nombres honrados con la M A.

—Te propongo—dijo Miranda—una niña de pocos años, que acaso llegue, y aún pase, de los dos millones de capital.

Abrió Miranda tamaño ojo, y tendió la mano para apoderarse de la bienhadada lista.

—¡Así como suena!—exclamó—. Pero es que no hay como tú para tales hallazgos.