—¿Es un solo árbol eso que se ve desde la ventana?

—¿Pues no sabe que es el Teixo?

—¡Un tejo sólo esa inmensidad! ¡Santa Bárbara! Cogerá media legua de circuito.

—¡Media legua! ¡Ay qué risa! No sea ponderativo. Media legua aún no la hay de aquí a San Andrés. Pero mire, tres pisos los tiene.

—¿Tres pisos un árbol?

—¡Ay! sí, ya lo verá. En uno se baila; en otro se toma café; desde el otro se ve muchísima tierra... y la ría y todo.


IX

Copia de una carta a Luis Portal:

«Chacho: aquí estoy a tus órdenes en el Teixo, quinta del papá de la novia de mi tío... ¡sopla! que se llama así, no el tío, sino la quinta, á causa de un tejo colosal que, según fama, tiene tres pisos, tantos como la mejor casa de Orense. Acabo de llegar: no puedo decirte aún lo que opino de la novia y gente que la rodea: esta gente es el papá, una vieja que tuvo que ver con el papá, y dos niñas, hijas ó sobrinas de esta vieja, una de ellas ya en sazón, y que aunque se llama Cándida..., punto y aparte. La futura tiíta es una señorita de aire elegante, con una cara que agrada si se mira despacio: los ojos buenos, y hasta buenísimos. No sé si está enamorada, pero se muestra bastante cariñosa con mi tío. Hijo, vuelvo a mi tema. ¿Concibes tú que una mujer honrada y decente (dicen que lo es mi futura tía) se case así, por casarse, con tal sujeto? ¿No habrá allá en su corazoncito una historia secreta? ¿O es que en fuerza de su pureza misma, se figurará que casarse con un hombre se reduce á salir con él del brazo?

»La cosa me preocupa, porque en poquísimo tiempo he formado de Carmiña Aldao una idea particular, gracias a informes que tomé de un fraile... ¡Admírate! he viajado con un fraile, un fraile de verdad, un franciscano descalzo y todo. Y puso a mi futura tía en las nubes. Me dijo, que era el modelo de la mujer cristiana. Esto, en boca de un fraile...

»¡Si vieses qué tipo curioso es el tal Padre Moreno! Hombre más corriente, más llano, más simpático, no lo ha echado Dios al mundo. Me tiene atónito. Ni se asusta de nada, ni es intolerante, ni rehuye ninguna conversación de las admitidas en sociedad, ni le trata a uno despóticamente, ni incurre en piadosas gansadas, ni hace cosa que no resulte discreta y oportuna. Por esto te digo no creas que el fraile me la pega. Lo que es pegármela... Al contrario, me escama terriblemente ese mismo don de captarse las voluntades, empezando por la mía. Le estudiaré y poco he de poder si no le arranco la careta. ¿Qué se propondrá ese tío? ¿Catequizar mejor? Porque no hay duda que con modales como los que gasta, se adquieren amigos. ¿O tal vez disimular propensiones no muy conformes con el sayal? Porque o es un santo o es un hipócrita, aunque de distinto corte que los hipócritas conocidos hasta el día. ¿Te crees tú, chacho, que un hombre puede vivir rodeado de sirtes y escollos y sin tropezar en ellos? Pase el voto de pobreza, porque he visto que en efecto no llevaba ni con qué comprar un pitillo: pase el de obediencia porque también los militares obedecen a sus superiores; pero lo que es el de castidad... ¿Verdad que no cuela?

»Ya supondrás que mi tío está todo lo amartelado que puede. A decir verdad, la novia me parece una ganga para él. Este señor de Aldao no tendrá mucho parné, porque dicen que es amigo de figurar, y que la quinta le consume dinero, y que el hijo casado le da sangrías; pero así y todo, siendo mi tío quien es, me parece que ha logrado lo que nunca pudo prometerse.

»La boda será pronto: el día del Carmen. Mi tío duerme en la casa del boticario de San Andrés: yo, como no soy el novio, tengo hospedaje en el Tejo. Ya te contaré lo que ocurra. Escríbeme, holgazán. Ahí estarás rumiando tus oportunismos y tus componendas con todo Dios y hasta con el diablo. ¡Eres más trucha! Se me olvidaba. Rompe esta carta... aunque con tus hábitos de prudencia ya habías de hacerlo sin que yo te lo encargase.»