—¿Y tu hermano? —preguntó vivamente el fraile.
—Mi hermano... Mi hermano tiene cada año un hijo... Necesita dinero... mi padre se lo da... Ese cierra los ojos a todo... y hasta me ha regañado muchas veces porque doy a papá ciertos consejos. Me llama necia porque busco madrastra. Alguna vez pensé recogerme a casa de mi hermano; pero su mujer no me quiere allí, ni él tampoco... No he de meterme donde no tienen gana de mí.
El Padre se quedó un rato mudo, con el entrecejo fruncido y las manos ocupadas en dar tormento a los nudos del cordón. Su fisonomía revelaba la mayor ansiedad, y tosió y respiró fuerte, antes de resolverse a tomar la palabra, como si lo que iba a decir fuese sumamente importante y decisivo.
—Pues chiquilla... —pronunció al fin—, mi consejo aquí no puede ser otro sino el que te daría cualquier persona de mediano criterio. El casarse no es broma, ni se hace para un día. No, hija: es el paso más decisivo de la vida entera de una mujer honrada, como eres tú; por la misericordia de Dios. La verdad, ¿ese hombre... te repugna?
—Repugnarme...
Hubo otro momento de silencio, bastante largo. Yo contenía hasta la respiración. Las asperezas de las ramas del Tejo se me incrustaban en las carnes y la mano con que me agarraba al árbol empezaba a dormirse.
Al fin se oyó nuevamente la voz alterada de la novia.
—Repugnarme... No sé. Lo que sé es que no siento por él ni cariño, ni nada de ese entusiasmo... No se asuste, Padre; yo no digo entusiasmo... amoroso. A ver si me explico o si hablo tonterías. Yo quisiera, al casarme, considerar al marido que he de recibir delante de Dios, como a una persona digna de la estimación de todo el mundo... Padre, ¿usted cree que don Felipe es... así?
—Hija, con el corazón en la mano... No he oído contar de él ningún crimen; pero tiene una fama mediana en lo tocante a manejos políticos... y goza de pocas simpatías... Ya que preguntas... te lo he de decir.
—Lo de las pocas simpatías —advirtió con rara sagacidad la novia— no será por lo de los manejos políticos, porque, Padre, en eso el que menos y el que más... A mí se me figura que es por otra cosa... ¿Ha reparado usted la cara de Felipe?