Al estrecharla comprendí por repentina intuición que estaba prendado de aquella mujer, irremisiblemente ligada ya a otro hombre. El tenerla así enlazada —en aquel camarín vegetal, aromático, espolvoreado de oro por el sol que a veces, colándose entre las ramas, lanzaba una juguetona estrellita de luz al pelo o a la frente de la novia— me volvía loco. Notaba las delicadas líneas del cuerpo airoso de Carmiña; sentíame bañado en su aliento, y la disparatada idea se convirtió en sentimiento tan vehemente, que necesité reprimirme para no estrechar a mi pareja, haciéndola daño. Mi arrebato era, no obstante, de lo más puro y elevado que se ha visto en esto de transportes amorosos. Sentía una ilusión celestial (si me es dado expresarme así), una ilusión divina, noble en su origen y en su desarrollo. Lo que me exaltaba era pensar que tenía allí en mis brazos a la mujer más santa y pura de la tierra, y que esta mujer, aunque perteneciente a otro, estaba todavía virgen, intacta, como el cáliz de una azucena, como el propio azahar que llevaba prendido aún en el pecho, y que al empezar a marchitarse despedía aroma fuerte y embriagador.
Girábamos con gran suavidad, y entre vuelta y vuelta, creo que la dije: «Ya somos parientes; ¿puedo tutearte?».
—Naturalmente: sólo faltaría que me dijeses de usted con mucha política.
—¿Te enfadarás?
—No. ¿Por qué?
Guardé silencio. Los pliegues de su traje de seda me acariciaban las rodillas, y sentía el corazón, agitado por el movimiento del vals, latir fuertemente.
Entonces, con impulso invencible, ascendió la verdad a mis labios.
—Tití—murmuré—, perdóname; yo me he portado mal contigo. ¿No sabes? Fuí un indiscreto... ¡Pero me alegro tanto, tanto! Porque ahora conozco todo lo que vales tú... y mira, porque lo conozco, estoy fuera de mí. ¿No lo ves?
—Calla, bobo —articuló ella, algo acortada de respiración por el movimiento del vals—. Si fuiste indiscreto... ¿qué quieres que te diga? Hiciste muy mal. ¡Muy mal!
—Ya lo sé —respondí compungido—. Por eso te pido que me perdones. Anda. ¿Me perdonarás?