Sea como fuere, la investigación tiene que consignar su esfuerzo inútil. La civilización goda no deja en Álava más rastro que la llamada fortaleza de Victorica, construída por Leovigildo—según cree el señor Pirala en el tomo correspondiente de España; sus monumentos y artes, su naturaleza é historia,—y algún que otro vestigio arquitectónico, de los que, según Amador de los Ríos, han surgido «de entre las ruinas de ciertas construcciones románicas, inequívocos, aunque ya débiles reflejos, del arte latino-bizantino».

Otro tanto cabe decir de la dominación árabe. En las crónicas del Tuldense, del obispo D. Sebastián, del monje de Albelda y del arzobispo D. Rodrigo, que son, como se sabe, asilos ingenuos y zonas neutras en donde se entrevistan la Leyenda y la Historia, no hay una sola página que registre un solo monumento árabe en la región.

El testimonio del arzobispo D. Rodrigo es tan rotundo como categórico: «Los sarracenos—dice el Prelado—se apoderaron de toda España, menos de algunas pocas reliquias que se conservaron en las montañas de Asturias, Vizcaya, Álava, Guipúzcoa, Roconia y Aragón.»

A lo largo de cancioneros y de cronicones, vemos cómo Alfonso III, perseguido por los árabes, se refugia en Álava.

Las guerras fronterizas de castellanos y navarros sobresalen, dividen y perturban a los vascuences. Sanchos y Alfonsos se alían o guerrean con los señores de Álava, que unas veces son de unos y otras de otros. Las villas y lugares alaveses se incorporan o se desmembran, según los pactos o las declaraciones de guerra de cada año y aun de cada mes. La región, por el fatalismo topográfico y por la independencia de sus moradores, no descansa de su avatar bélico. La agricultura, la caza, la pesca, el pastoreo, el tráfico industrial y comercial, la explotación de bosques y minas, todos los dones próvidos que desfilan por las escenas de La Paz, en Aristófanes, han desaparecido de Álava. Durante un siglo y otro siglo, la comarca es como una clínica de enfermedades de la guerra...

¿Qué artes se podrían desarrollar allí donde las trompas y atambores, el relinchar de los caballos y el recio estruendo del chocar de armas y escudos no cesaban ni un día su rumor?

El Islam amenaza la independencia de toda la Península; el Califato cordobés crece y se ensancha, como un río desbordado; la inundación que viene de Andalucía, sube con Almanzor hasta las márgenes del Duero... Por valles y montañas, huestes de León y de Castilla, poseídas del espanto de la derrota, irrumpen en el territorio vasco, rotas las mallas y destrozadas las lorigas, pidiendo asilo y hermandad.

«Desde aquel instante—anota con su buen sentido proverbial el Sr. Amador de los Ríos,—hermanados con los naturales en la empresa de rechazar el yugo del enemigo común, por un mismo sentimiento y una misma esperanza, quedaba establecida entre castellanos, navarros y vascuences una alianza tanto más sincera y durable cuanto mayores iban a ser los obstáculos que el poderío árabe opusiera al triunfo de aquella generosa esperanza y de aquel nobilísimo sentimiento.

»Ruda, terrible y cada día mayor era la lucha trabada entre el creciente imperio mahometano y las despedazadas reliquias del visigodo; frecuentes y desoladoras las invasiones sarracenas que partiendo del suelo andaluz, arrojaban una y otra vez sobre los valles vascongados el removido oleaje de la conturbada población cristiana; más grande, más insistente y abrumador el peligro que a todos amenazaba y afligía, y no menores, por tanto, la mutua lealtad y confianza que de todos solicitaban la salvación y defensa de aquellos baluartes que les había brindado la Naturaleza.

»Recogíanse, merced a este rudo golpear del Califato andaluz, los antiguos moradores del suelo vasco, en lo más cerrado de sus asperezas; tomaban asiento los hijos de la España central en los valles y llanuras más cercanos a las regiones centrales donde nacieron, no sin que penetraran a veces en el centro mismo del territorio, y poníanse todos bajo la bandera de la independencia arbolada por los Reyes de Asturias, animados sin tregua unos y otros por el heroico anhelo de redimirse y de redimir a la patria de la servidumbre islamita.